Si entras a este blog es bajo tu absoluta responsabilidad. Nadie asegura que salgas vivo... o entero. Si imaginaste que aquellas pesadillas interminables que sufrí­as de niño cuando te daba fiebre eran horrorosas, prepárate para conocer una nueva dimensión de la palabra HORROR...

domingo, abril 12, 2026

Borroso

La vista nublada en la pantalla del computador le estaba haciendo muy complicada su jornada laboral esa mañana. La telefonista había llegado bien al trabajo pero en cuanto encendió la pantalla del computador empezó a ver borroso y a no poder distinguir adecuadamente los textos que aparecían en su terminal. Cerca de las diez de la mañana su jefa se acercó a preguntarle qué le pasaba pues no estaba rindiendo a su nivel de siempre. Luego de inventar que había dormido mal la noche anterior y que no había alcanzado a desayunar, intentó seguir con su trabajo.

Tres de la tarde, luego de almorzar y descansar su vista seguía borrosa. Su jefa apareció de nuevo en su cubículo, acompañada por un paramédico dispuesto a evaluarla. A regañadientes la joven dejó que le tomaran los signos vitales y que le pincharan el dedo para medir el azúcar. Luego de comprobar que todo estaba normal, el paramédico sacó un aparato con una luz de una cajita plástica y miró dentro de los ojos de la muchacha. Al apagarse la luz dictaminó que debían llevarla lo antes posible a un servicio de urgencias: mientras arreglaba sus cosas, la muchacha vio la cara de espanto del paramédico.

Dos horas más tarde la muchacha estaba siendo examinada en la urgencia de una clínica. El médico que la recibió se rió al ver el informe del paramédico, y fue a buscar el mismo aparato que habían usado horas antes en su oficina. Luego de mirar el médico lanzó un improperio y fue a buscar a otro colega de mayor edad. El hombre no saludó, tomó el aparato, miró dentro del ojo, miró a su colega y salió del lugar raudo.

Media hora más tarde cerca de quince médicos habían visto sus ojos por el aparatito. La muchacha y su jefa estaban cansadas: cuando apareció el decimosexto médico la muchacha dio un paso atrás y dijo que no la volverían a examinar hasta que alguien le explicara qué estaba pasando. El nuevo médico conectó el aparato con un cable USB a su celular, encendió el aparato y tomó una foto de las pupilas de la muchacha; cuando la joven la vio, un grito se ahogó en su garganta y en su alma.

El párroco de la iglesia que quedaba a siete cuadras de la clínica llegó al lugar con un maletín de cuero. En él llevaba agua bendita, cruces, libros de rezos y accesorios extraños que la joven no reconocía. Mientras el sacerdote desplegaba sus cosas en la camilla, el jefe de oftalmología calmaba a la muchacha e intentaba decirle que no había explicación médica a la presencia de un diminuto ser humano dentro de sus ojos. La joven en ese momento recordó que cuando era chica una anciana extraña se había acercado a ella a ver sus ojos,diciéndole que eran hermosos y que ella los quería para sus hijos, para luego tocar sus párpados con las manos más frías que había sentido en su vida. Cuando el sacerdote lanzó agua bendita, sintió sobre sus párpados el calor más intenso que había conocido en su existencia, quedando ciega al instante. Quienes vieron lo que pasó, se juramentaron para nunca hablar de lo que habían visto luego que el sacerdote lanzó el agua bendita, Nadie supo jamás dónde se metieron los duendes que huyeron con los ojos de la muchacha.