Si entras a este blog es bajo tu absoluta responsabilidad. Nadie asegura que salgas vivo... o entero. Si imaginaste que aquellas pesadillas interminables que sufrí­as de niño cuando te daba fiebre eran horrorosas, prepárate para conocer una nueva dimensión de la palabra HORROR...

martes, agosto 09, 2016

Cuentos de Zombies

jueves, julio 07, 2016

"El Ángel Negro" ©2016

jueves, junio 02, 2016

Sicario

La joven mujer despertó algo mareada y confusa. Al parecer había cometido un error en el bar y se había bebido el trago con la droga destinado a su potencial víctima de esa noche, y ahora estaba pagando las consecuencias. Un extraño frío recorrió su cuerpo cuando se dio cuenta que se encontraba en un lugar sin ventanas, muy iluminado, lleno de íconos religiosos, sentada al medio de la habitación desnuda y atada de pies y manos.

—Parece que me descubriste lindo—espetó la mujer hacia la sombra que se acercaba de frente a ella, reconociendo la contextura física de quien intentó drogar—. Parece que te gusta con violencia, ¿a qué hora empezamos a jugar?
—Sé quién eres.
—No te he dicho mi nombre lindo, de hecho no nos hemos presentado. Me llamo…
—No me interesa cómo te llamas. Sé quién eres y lo que eres.
—¿Y qué vas a hacer al respecto?
—Te voy a matar.
—Estás loco… no sabes lo que estás diciendo. Si sabes lo que soy, sabes que no podrás hacerlo.
—Encomienda tu alma a quien sea…
—Tú sabes mi nombre, no debe ser primera vez que nos vemos, ¿cierto?
—Con suerte recuerdo mi nombre al verme al espejo, ¿y esperas que recuerde el tuyo?
—¿Y me vas a matar sin saber cómo se llama quién estás matando?
—Te voy a matar, independiente si tienes o no nombre.

El sicario sacó de entre sus ropas un colgante que llevaba al cuello, de cuyo extremo pendía una pequeña bolsa de cuero rígido. De su interior sacó una especie de garra de acero con un agujero circular donde cabía cómodamente uno de sus dedos, quedando el artefacto como un anillo al empuñar su mano. Sin preámbulo alguno el hombre deslizó su puño bajo el mentón de su víctima, cortando los vasos del cuello y acabando en segundos con la vida de la mujer que lo miraba estupefacta sin asumir qué estaba sucediendo. Acto seguido el sicario se sacó el mortal anillo para guardarlo en la misma funda en que estaba sin siquiera limpiar la sangre, para sacar de su parte posterior una segunda arma de las mismas características pero de un material que parecía hueso quemado o madera negra; en cuanto calzó el anillo en el dedo anular izquierdo giró bruscamente con el puño en ristre atacando el aire. Durante un segundo el subterráneo en que se encontraba vibró con violencia y las luces se apagaron, luego de lo cual todo volvió a la normalidad. El sicario guardó el arma bendita con la que provocó la muerte segunda al alma de la bruja, besó el crucifijo que llevaba en el mismo colgante que sus arnas, y se dirigió donde su confesor a arreglar cuentas antes de seguir con su misión.

miércoles, mayo 04, 2016

Libros para descarga

"La Vara" ©2015

Vía Scribd 

Vía Slideshare 

"Del Miedo y otras Hierbas" ©2016

Vía Scribd 

Vía Slideshare 

miércoles, abril 13, 2016

La Vara ©2015

Disponible GRATIS en Wattpad en el link:

La Vara

miércoles, abril 06, 2016

(Sin título)

El joven abogado manejaba algo desconcentrado su todo terreno esa fría mañana de junio. Antes de salir de su departamento había discutido con su esposa, por lo que ambos iban en silencio en el vehículo, escuchando una lista de reproducción musical aleatoria del gusto de los dos, para evitar nuevos roces. Ambos creían tener la razón, por lo que decidieron dejar el tema en espera a la hora de salida de sus respectivos trabajos, para poder conversar con calma y no interferir en sus actividades laborales; mal que mal, la discusión se generó por diferencias en relación a qué parte de Europa viajar en las vacaciones venideras, y ambos sabían que tarde o temprano lograrían un consenso que dejara a los dos felices.

A esas alturas de la mañana todos los vehículos corrían a gran velocidad, muy por encima del límite legal, pese a lo cual las posibilidades de ser infraccionados eran bajas, pues a esa hora las policías se encontraban resolviendo sórdidos crímenes relacionados con narcotráfico en los barrios bajos de la capital, y rescatando a algunos conductores ebrios que horas antes habían estrellado sus vehículos contra postes, personas u otros vehículos; así, nadie se preocupaba mayormente de controlar la velocidad de quienes iban a sus trabajos en ese pudiente sector de la ciudad.

El abogado seguía el trayecto memorizado para ir a dejar a su esposa a su oficina, y luego dirigirse a la suya justo a tiempo como para conseguir un estacionamiento no tan escondido del mundo. Mientras pensaba en cómo ganar la discusión de la noche, no se dio cuenta que cien metros delante de él iba un vehículo pequeño y sin luces a baja velocidad; pese a todos los recursos mecánicos e informáticos de su moderno todo terreno le fue imposible evitar el choque por alcance, lanzando al viejo vehículo varios metros hacia adelante, mientras sus gastados neumáticos intentaban adherirse al húmedo pavimento para detener su descontrolada marcha. El abogado se bajó iracundo, sin siquiera preguntarle a su esposa si le había pasado algo, y con espanto vio que su parachoques, luces delanteras y capó estaban casi completamente destruidos. Al darse cuenta que el costo de la reparación sería mayor que el valor del vehículo al que había chocado, y a sabiendas que el seguro lo expulsaría en cuanto le pagaran las reparaciones, decidió ir a cobrar venganza donde el conductor que había terminado de echarle a perder la mañana.

La esposa del abogado estaba algo mareada, pues tampoco alcanzó a ver a tiempo al pequeño vehículo, por lo que no pudo reaccionar, y al no activarse los air bags, sufrió los efectos del latigazo propios de la desaceleración brusca del móvil. Mientras lograba volver a enfocar la vista sin que todo girara a su alrededor, vio a su marido iracundo patear el parachoques del todo terreno, y dirigirse raudo hacia la cabina del pequeño vehículo al que habían chocado. La mujer veía nerviosa cómo su marido, un hombre joven, alto y corpulento, caminaba a grandes zancadas hacia un automóvil de más de dos décadas, en el que definitivamente cabría con dificultad. Su marido tomó con violencia la puerta y la abrió, y de un tirón sacó del asiento del conductor a un hombre pequeño y enjuto, que parecía tener un defecto en su pierna derecha, pues se veía bastante más gruesa e inmóvil que la izquierda. De improviso el abogado, sin mediar provocación, le lanzó una especie de bofetada al pequeño hombre, quien trastabilló y logró detener la caída afirmándose en su vehículo. Cuando el corpulento profesional quiso abalanzarse sobre el pequeño hombre, éste bajó su mano derecha hacia su pierna, dejando helado al abogado.

La joven profesional no entendía qué estaba pasando. Su marido de pronto se detuvo y levantó las manos; en ese instante la mujer vio con espanto cómo la pierna gruesa del enjuto hombre perdía parte de su grosor, y en la mano derecha el hombre blandía una larga vara, aparentemente de madera. En una fracción de segundo el conductor del viejo vehículo abrió su brazo, y plásticamente lo abanicó, descargando un certero golpe en la sien del abogado quien cayó desplomado al instante. La esposa del profesional bajó del vehículo gritando descontrolada, para llegar al lado del cuerpo de su marido que yacía en el suelo con los ojos fijos en el cielo y una gran herida abierta en su cráneo, que sangraba profusamente y dejaba ver el cerebro del abogado asesinado. Antes de desmayarse, la joven vio con espanto al enjuto hombre mirar casi con placer el arma de madera.

miércoles, marzo 23, 2016

Piedra

Todas las noches después de cenar y de terminar de ordenar la ropa para ir al colegio al día siguiente, la pequeña Raquel se dedicaba con esmero a cumplir la última voluntad de su fallecida abuela. La madre de su progenitora se había dado a la tarea de criarla durante su más tierna infancia, por lo que Raquel la reconocía como su verdadera madre, más allá del cariño que sentía por su mamá. Poco antes de morir de cáncer, y cuando la pequeña estaba por cumplir los seis años, la mujer le entregó a su nieta una enorme y pesada piedra, y le explicó que esa era su herencia; la niña debería pulirla con suavidad todas las noches, y cuando fuera el momento adecuado, la piedra se encargaría de encauzar su vida. Sin que la pequeña entendiera mucho de lo dicho por la añosa mujer, recibió gustosa el regalo, y ayudada por su padre la guardó en su habitación.

Raquel se acercaba día tras día a su cumpleaños número trece, lo que coincidía con el aniversario de su abuela: habían transcurrido ya siete años de la partida de una de las personas más amadas en su vida, lo que siempre la complicaba a la hora de celebrar. Sin embargo, sus sentimientos parecían diferentes ese año: el recuerdo de su partida ya no dolía tanto, y mal que mal había cumplido durante casi siete años con la extraña voluntad de su abuela, sin entender aún a cabalidad el significado de sus palabras. Noche tras noche, y luego de cumplir con sus deberes, la niña sacaba de su armario la piedra, que guardaba en una caja de cartón donde también se encontraba el paño con el que la pulía, la colocaba sobre su cama, y pacientemente empezaba a frotarla por todos lados, hasta que el sueño la vencía y debía acostarse a dormir. Como era de esperarse, luego de casi siete años de trabajo, la piedra había perdido una gran cantidad de su masa, y sus paredes se habían alisado homogéneamente de modo tal, que parecía una especie de huevo de dinosaurio petrificado guardado como tesoro en su caja.

En la mente de la pequeña, la piedra había pasado por decenas de estados. Su imaginación  puso dentro de la piedra un reino mágico, un planeta de juguetes, un universo poblado de arcoíris y seres mitológicos. Con el paso de los años, y al ver que la piedra tomaba forma de huevo, su mente empezó a soñar con el instante en que su cáscara pétrea se rompería, y dejaría libre a su huésped: un dinosaurio, un unicornio, un hada, un príncipe. El regalo de su querida abuela estaba cargado de magia, y cuando llegara lo que la anciana llamó “el momento adecuado”, su regalo lleno de magia sería suyo para siempre.

Llegó el día del cumpleaños de Raquel, y como era costumbre sus padres invitaron a todos los amigos de la pequeña a acompañarla en una fiesta donde pudieran disfrutar con tranquilidad. La tarde terminó con el dormitorio de la niña atiborrado de regalos, y con todos los asistentes exhaustos, incluyendo a la festejada. En cuanto llegó la noche y los visitantes se fueron, la niña se dispuso a cumplir con su tarea de siempre, con la secreta esperanza que esa fuera la noche para que el regalo de su abuela se hiciera realidad.

Raquel pulía con todas sus fuerzas la ya ovalada piedra. A cada pasada de paño sus esperanzas se iban desvaneciendo, al ver que nada sucedía en su superficie; luego de una hora de pulir sin parar, el sueño empezó a apoderarse de ella, haciendo su cuerpo más pesado y su conciencia más nebulosa. De pronto un crujido en la piedra la despertó bruscamente; de inmediato tomó su teléfono celular y lo encendió en modo linterna para ver claramente qué pasaba con su regalo. Una tenue fisura parecía avanzar por uno de los ejes del ovoide, que a los pocos segundos abarcó su diámetro completo; finalmente, y luego de un último crujido, su superficie se rompió, dando salida a una masa informe oscura, que antes que Raquel pudiera reaccionar, se clavó en su pecho, penetrando hasta su corazón, matándola instantáneamente. Algunos segundos después el cuerpo de la niña estaba al mando del parásito que ella había incubado inocentemente durante siete años, y que ahora podría perpetuar la herencia de su querida abuela Abondia, la reina de las brujas.