Si entras a este blog es bajo tu absoluta responsabilidad. Nadie asegura que salgas vivo... o entero. Si imaginaste que aquellas pesadillas interminables que sufrí­as de niño cuando te daba fiebre eran horrorosas, prepárate para conocer una nueva dimensión de la palabra HORROR...

miércoles, septiembre 20, 2017

Tacos

La joven mujer se paseaba nerviosa por el pasillo. El duro ruido de sus tacos retumbaba en todo el lugar, no dejando a nadie indiferente; de hecho muchas miradas se clavaban en ella, cosa que definitivamente no parecía importarle mucho, pues seguía con su nervioso deambular por el pasillo, taconeando a ratos más fuerte que antes. Su marcha tensa y preocupada había logrado empezar a preocupar a quienes estaban en el lugar, sin saber a ciencia cierta de qué debían preocuparse; sólo sabían que la joven mujer seguía paseándose por el pasillo taconeando nerviosa.

La luz del sol lentamente empezaba a entrar por las ventanas del pasillo, haciendo el lugar más acogedor y distendiendo un poco el ambiente; sin embargo ello no parecía alterar en nada la actitud de la joven mujer, quien se paseaba con la misma cadencia de paso por el ahora iluminado pasillo, taconeando fuerte y seguro. Si no fuera porque estaba en un lugar cerrado, probablemente habría encendido un cigarrillo para acompañar su marcha; tal vez por ello es que taconeaba cada vez más fuerte, sin cesar en su ya molesta marcha. Las miradas ahora estaban todas dirigidas a ella, pues el ruido de los tacos ya se había hecho simplemente insoportable, y nada parecía ser capaz de sacar a la mujer de dicha actitud.

A media mañana la situación no daba para más. El pasillo estaba lleno de gente esperando a ser atendida, y lo único seguro para todos era que la maldita mujer taconeaba y taconeaba sin parar, pareciendo golpear cada vez con más fuerzas sus tacos contra las baldosas. El murmullo generalizado también se hacía molesto, pues todos opinaban acerca de la actitud de la mujer, quien ya llevaba cerca de tres horas taconeando de un lado a otro sin parar. Algunas tímidas voces se levantaban de vez en cuando para lanzar alguna broma que era bien recibida por todos, excepto por la joven mujer que seguía taconeando de un lado a otro del lugar.

La joven mujer se paseaba nerviosa por el pasillo. De pronto un joven que había llegado algo después que la mujer tomó una decisión. El joven se sacó los audífonos que traía puestos, y se dirigió a la joven mujer, para preguntarle el por qué de su actitud y tratar de detenerla. El joven se paró en el camino de la chica: en ese instante el cuerpo de la joven mujer pasó a través del suyo, para luego dar la vuelta y atravesarlo en el sentido contrario. Los gritos de espanto y la estampida de gente fue casi instantánea, mientras el alma de la joven mujer seguía taconeando físicamente desde el más allá.

miércoles, septiembre 13, 2017

Conductor




El viejo hombre manejaba a las siete de la mañana en la oscuridad de la ciudad. Aún su vista no estaba acostumbrada al reciente cambio de horario, por lo que pese a manejar con luces debía hacerlo con cuidado para no encontrarse con alguna sorpresa en su camino. Todos los días salía de su hogar antes de las siete de la mañana para llegar a una hora prudente al trabajo, que le permitiera asegurar un buen puesto en el estacionamiento, y no tener que depender de otros conductores a la hora de salida, a la tarde.

El viejo hombre manejaba a una velocidad prudente esa mañana. De pronto ve aparecer una sombra por el bandejón central de la calle que cruza intempestivamente, obligándolo a frenar bruscamente, no sin antes tocar latamente su bocina y decir uno o dos improperios al interior de su vehículo con las ventanas cerradas. Luego de percatarse que no vinieran más vehículos tras el suyo, reinició la marcha con algo más de precaución: odiaba la mala costumbre de la gente de a pie en la ciudad de vestir ropa oscura y opaca, lo que los hacía casi invisibles para quienes manejaban a esa o a cualquier hora.

El hombre seguía conduciendo. Su vista a ratos parecía engañarlo producto del cansancio, haciéndolo ver sombras donde no había nada ni nadie. Por ello el viejo hombre había decidido manejar por la pista derecha, y así dejar pasar al resto de los conductores que andaban más rápido y que a esa hora tenían sus reflejos más activos que los suyos. Justo al llegar a una esquina una sombra más alta que lo habitual decide cruzar frente a él obligándolo nuevamente a frenar: era un ciclista que andaba sin luces ni reflectantes, y que había decidido pasar en esa esquina a esa hora y con luz roja para seguir su camino con rumbo desconocido. El viejo hombre estaba desconcertado, y ya no sabía cómo seguir manejando en esas condiciones.

El viejo hombre seguía manejando rumbo a su trabajo a las siete y media de la mañana. De improviso y de la nada una nueva sombra aparece frente a él, haciéndolo nuevamente frenar bruscamente; en esa ocasión el vehículo se detuvo, y cuando intentó hacerlo partir, no respondió. El viejo hombre se desesperó al ver la falla mecánica de su automóvil que lo tenía detenido en ese lugar, y empezó a mirar por el espejo retrovisor para cerciorarse que nadie viniera tras él; en ese instante se dio cuenta que su vehículo estaba de cabeza sobre la platabanda, que la sombra que había visto cruzarse era un árbol que había confundido mientras se había quedado dormido al volante, y que para ese instante ya estaba muerto, mirando a todos lados y esperando a saber qué venía de ahora en más para su alma.

miércoles, septiembre 06, 2017

Lluvia

La joven mujer caminaba bajo la lluvia sin paraguas. El apuro de la mañana le había impedido fijarse en las condiciones del clima o ver en las noticias cómo estaba el mundo afuera, por lo que esa mañana salió abrigada pero sin paraguas. A los pocos minutos su larga cabellera estaba empapada y su chaqueta acusaba los signos del agua acumulada en su pelo. Sin embargo ello no parecía inmutar en nada a la joven mujer quien seguía deambulando bajo la fuerte lluvia como si nada, cortando con su silueta la escasa luminosidad que había a esa hora de la mañana.

La joven mujer caminaba rápido, despreocupada del entorno que la rodeaba, absorta en las preocupaciones de su vida. De pronto llegó a un cruce peatonal señalizado con un semáforo, y por primera vez desde que salió de su casa levantó la cabeza, para poder ver el semáforo. En ese instante se dio cuenta que, pese a estar cruzando una avenida importante, ningún vehículo circulaba en alguno de los dos sentidos. Sin darle mayor importancia y fijándose que a la distancia no viniera algún vehículo, cruzó raudamente con luz roja para seguir su camino y llegar luego donde iba.

Dos cuadras más allá la mujer detuvo su marcha y levantó la cabeza a mitad de la cuadra. La lluvia seguía cayendo con fuerza sobre la ciudad, lo que tenía su cabello y su chaqueta empapadas; pese a la hora de la mañana que era, la mujer estaba cayendo en cuenta que hasta ese momento no se había cruzado con ningún vehículo, y lo que era más llamativo, con ninguna persona. Luego de siete u ocho cuadras de caminata, recién había notado que hasta ese momento estaba sola en la calle; de hecho en la mañana, mientras se duchaba y vestía, no había escuchado el bullicio típico de los departamentos vecinos donde había niños y cada día se libraba una batalla por levantarlos y vestirlos. Tampoco había conserje en la portería ese día, y los negocios del barrio se encontraban cerrados a una hora en que ya estaban trabajando. Todo su entorno parecía haberse esfumado, y recién después de siete u ocho cuadras había caído en cuenta.

La joven mujer estaba ahora avanzando lentamente, fijándose en su entorno. Ni vehículos ni personas había a su alrededor; en ningún edificio se veía gente circulando, en ninguna casa se dejaba ver luz por las ventanas, parecía como si durante la noche algo o alguien hubiera secuestrado a todo el mundo. De pronto la joven tuvo una idea: sacó su teléfono celular y llamó desde él a su hermana, sólo para darse cuenta en ese instante que no había red disponible de telefonía móvil. En ese instante, un sentimiento de soledad la invadió, paralizándola en medio de la calle.

La joven mujer no sabía qué hacer. Nerviosa empezó a revisar todas sus cosas, por si había algo que funcionara. En ese momento detuvo su vista en su reloj de pulsera: las manecillas parecían estar tiesas, pero el segundero parecía estar haciendo fuerzas para pasar al siguiente segundo. Cuando ello sucedió, se encontró rodeada de gente por un instante, luego de lo cual todos desaparecieron nuevamente, dejándola atrapada en el tiempo otra vez, y tal vez por siempre.

miércoles, agosto 30, 2017

Silueta

El viejo hombre estaba desvelado. A las cuatro de la mañana estaba en pie, con pijama, mirando por la ventana que daba al edificio colindante. Por un asunto de seguridad lo hacía con la cortina levemente entreabierta y con la luz apagada, para no parecer que estaba fisgoneando a sus vecinos; de hecho si no estuviera tan fría la noche, probablemente estaría en el estacionamiento de su edificio mirando la luna o las estrellas. Pero dado lo bajo de la temperatura, sólo le daban las ganas para quedarse a mirar en silencio al edificio vecino.

El viejo hombre miraba con detención las sombras que parecían formarse ante sus ojos a esa hora de la madrugada. Tenía claro que la mitad de las imágenes que veía eran creadas por su mente, por lo que no daba mayor crédito cuando veía la rama de algún árbol moverse más de lo debido, o alguna sombra cruzando alguna luminaria del estacionamiento. De pronto vio aparecer una pequeña pero potente luz, avanzando a baja velocidad más allá de la muralla que separaba ambos edificios, y que se movía con cierta cadencia. Aguzando la vista vio a un hombre tras la luz, descubriendo al nochero del edificio vecino, al que había visto un par de veces temprano en la mañana al irse al trabajo.

El viejo hombre miraba con cuidado los detalles de la marcha del nochero. La luz parecía irse hacia un mismo lado a cada paso, por lo que supuso que el hombre cojeaba. Estaba ataviado con una enorme parka que lo protegía del frío de la madrugada, y su cabeza estaba cubierta con un grueso gorro de lana. En ese instante su vista se posó tras la imagen del conserje, y vio una silueta que avanzaba pegada al cuerpo del hombre, como si se tratara de su sombra. De pronto el conserje pareció tropezar, y en ese instante sucedió algo inesperado: la silueta se fue sobre él, haciendo desaparecer la luz y el cuerpo del malogrado hombre.

El viejo hombre estaba asustado. De la nada una silueta había hecho desaparecer al conserje del edificio vecino, y no sabía cómo dar cuenta de ello sin ser tomado por un maniático a esa hora de la madrugada. Su vista se posó en su teléfono, tratado de pensar el modo en que hilaría la historia al llamar a la policía, para sonar lo más creíble posible y no meterse en algún problema. Una vez que hubo ordenado las ideas y el discurso en su mente tomó el aparato; en ese instante sintió un crujido tras él, y al mirar en la penumbra vio a sus espaldas a la silueta.

miércoles, agosto 23, 2017

Barbero




El viejo hombre esperaba pacientemente su turno en la barbería. Esa tarde había llevado su luenga y entrecana barba para ser recortada y arreglada un poco, y así mejorar en algo su desordenado aspecto. El hombre veía cómo el barbero, con una afilada navaja, trabajaba en la barba de quien había llegado antes que él, mejorando detalles, sacando pelos sobrantes y equilibrando la distribución del pelo para dejar el vello facial acorde a la forma de la cara y del corte de cabello del individuo. El lugar era definitivamente el adecuado para llevar su desastrosa barba y volver al hogar con un accesorio adecuado a los tiempos y las circunstancias.

El viejo hombre no había tomado ninguna revista del barbero, pues se entretenía más mirando su esmerado trabajo. De pronto el cliente deja escapar un pequeño quejido, y bajo la mano del barbero se aprecia un ínfimo hilo de sangre bajando por el cuello de quien se encontraba en el sillón; de inmediato el profesional toma una hoja de toalla de papel para secar a su cliente y contener la salida de la sangre. En ese instante a través del espejo, el viejo hombre vio que la mirada del barbero cambió intempestivamente, y una mueca de odio invadió sus facciones; luego de ello soltó la hoja de papel, y comenzó la debacle.

El viejo hombre miraba algo asustado la nueva expresión del barbero, quien se había quedado como suspendido en el tiempo, con la hoja de papel ensangrentada en el suelo y la navaja en su mano derecha. De pronto y sin decir nada el barbero tomó por la cabellera al cliente con la mano izquierda, para luego poner la navaja en su cuello y empezar a aserrar con ella, dejando un reguero de sangre por doquier y un grito ahogado que se dejó de escuchar a los pocos segundos. La ira desatada del barbero parecía incontrolable, pues pese a haber muerto al cliente seguía aserrando con la navaja su cuello, del cual manaba cada vez más y más sangre. En un momento la mano derecha del barbero pasó por completo hacia atrás, dejando la cabeza del cliente colgando por el pelo de su mano izquierda. En ese instante el barbero se dio vuelta para mirar a los ojos al viejo hombre, con la cabeza ensangrentada colgando en su mano.

El viejo hombre miraba estupefacto cómo el barbero se acercaba a él con la cabeza colgando de su mano izquierda, y con la navaja en ristre en la derecha. En ese instante acercó su mano derecha con la navaja en ella: de pronto sintió una mano moviéndolo por el hombro. El viejo hombre se había quedado dormido y el barbero lo había despertado luego de terminar de afeitar al cliente, quien ya abría la puerta del lugar para seguir su camino, con la cabeza sobre sus hombros. Todo había sido una simple y vívida pesadilla, y ahora el viejo hombre había pasado a la silla del barbero para arreglar su vieja y desordenada barba. Luego de comentarle al barbero lo que quería para su barba, miró sus ojos al espejo, viendo en ellos la misma expresión de odio que en su pesadilla.