Si entras a este blog es bajo tu absoluta responsabilidad. Nadie asegura que salgas vivo... o entero. Si imaginaste que aquellas pesadillas interminables que sufrí­as de niño cuando te daba fiebre eran horrorosas, prepárate para conocer una nueva dimensión de la palabra HORROR...

domingo, abril 05, 2026

Dibujo

La parvularia cantaba canciones con los niños del kinder esa mañana en el colegio. La institución albergaba tanto educación primaria como secundaria, y tenía incorporados a los más pequeños para que interactuaran con niños mayores y ello facilitara su integración al pasar a primero básico. Los niños de los cursos mayores cuidaban con celo a sus compañeritos más pequeños, por lo que la convivencia en el lugar era segura y agradable para todos.

Una vez terminadas las canciones y los juegos interactivos llegó la hora de dibujar. La parvularia le entregó a cada niño una cartulina blanca y una caja de lápices de colores y les dijo que en esa ocasión no había tema para la tarea, sino que podían dibujar lo que quisieran. Desde ese momento la creatividad despertó en la sala, y sendas historias empezaron a ser desplegadas con vívidos colores en cada cartulina. La tía se paseaba entre los niños preguntándoles qué era cada dibujo, compartiendo las emociones de los pequeños al plasmar sus ideas en los lienzos de cartón delgado. Cuando la tía llegó donde el pequeño más retraído de la clase, se quedó paralizada mirando su cartulina.

El pequeño, de casi nueve meses menos que el resto de sus compañeros, parecía tímido y poco amigable. Hijo de una pareja de artistas plásticos, estaba acostumbrado en casa a interactuar con adultos por lo que le costaba un poco el trato con los de su edad. Esa mañana, al recibir la cartulina, recordó que sus padres siempre le decían que la inspiración no existía sino el trabajo constante, por lo que decidió dibujar lo que sus ojos veían en el lugar del modo más fidedigno posible. Cuando la tía se detuvo a mirar su dibujo, y luego de tragar saliva, le preguntó al niño qué estaba dibujando: el niño la miró y apuntó con su pequeña manito a la ventana. Al mirar al lugar donde apuntaba el pequeño, un grito salió de la garganta de la parvularia. Cuando los niños miraron al lugar que miraba la profesora, la histeria invadió el lugar.

Mediodía. Salvo por el pequeño la sala del kinder estaba vacía. Salvo por el pequeño el colegio estaba vacío. La policía rodeaba el lugar en espera de los padres del menor, quienes llegaron en un vehículo de más de treinta años de antigüedad pintado con vistosos colores, mismos que ambos vestían. Al llegar a la dirección del colegio los esperaba la directora, la profesora y el encargado del operativo policial: sin decir nada la directora les entregó el dibujo del niño. El él se veía una forma humana completamente pintada de negro con ojos amarillos que parecían mirar a quien miraba el dibujo: los padres destacaron la calidad técnica del trabajo siendo interrumpidos por el jefe de la policía quien les dijo que el niño no había querido salir para no dejar solo al modelo de su trabajo, y que sus padres sabrían qué hacer. Mientras tanto un historiador les contó que en el terreno antes del colegio funcionaba un cuartel policial a mediados del siglo veinte, donde se contaba que en una ocasión un hombre extraño acusado de matar a su familia había desaparecido sin dejar rastro.

Los padres fueron llevados a la sala. Al verlos llegar el pequeño sonrió y se paró corriendo a abrazarlos. Sus padres hablaron un par de palabras con el pequeño quien les indicó la ventana. La mujer abrió de inmediato su bolso mientras el hombre miraba la sala hasta encontrar lo que buscaba. La madre del niño encendió una vela frente a la ventana y empezó a recitar algo en voz baja: en ese momento el hombre abrió la llave del lavamanos de la sala. En menos de diez segundos el alma del sospechoso asesinado por la policía y enterrado en el lugar fue liberada de su tormento empezando el viaje a su destino. Madre y padre tomaron cada mano de su hijo saliendo del lugar para no volver nunca más.