Si entras a este blog es bajo tu absoluta responsabilidad. Nadie asegura que salgas vivo... o entero. Si imaginaste que aquellas pesadillas interminables que sufrí­as de niño cuando te daba fiebre eran horrorosas, prepárate para conocer una nueva dimensión de la palabra HORROR...

domingo, abril 19, 2026

Pérdidas

La mujer caminaba cabizbaja por la húmeda calle. En sus hombros cargaba la mochila donde llevaba su vida entera. Tres mudas de ropa, el cargador del celular, un pendrive con recuerdos del pasado, una botella metálica para agua y un saco de dormir era todo lo que llevaba consigo; su vida, su realidad, su presente, su atisbo del futuro. Su vida antigua había terminado para ella cuando su ahora ex marido la había echado de su casa, y debía empezar a buscar un nuevo horizonte, donde fuera que lo encontrara.

La joven tenía veintidos años; hija de una familia de clase media se había enamorado en el liceo de un joven de clase acomodada que sólo quería tener un hijo, pues ya tenía el futuro asegurado por su familia que era dueña de una cadena de pequeños supermercados repartidos a lo largo del país. Al salir del liceo el muchacho le propuso matrimonio; la muchacha aceptó de inmediato pese a la resistencia de su madre quien no veía con buenos ojos la obsesión del novio por la paternidad. La boda fue espectacular, la luna de miel en una playa del caribe, el regreso a casa inolvidable. A partir de ese momento el joven le planteó nuevamente a la muchacha su necesidad de tener un hijo a lo que ella accedió inmediatamente. A los dos meses ya estaba embarazada; al tercer mes, perdió al bebé.

En los siguientes tres años los intentos fueron seguidos, pese al consejo del ginecólogo que se tomaran un tiempo, el hombre sólo quería tener su hijo; pero uno tras otro embarazo terminaban en pérdida a los dos o tres meses. En total fueron siete los embarazos sin que ninguno llegara a término. Un día la muchacha había salido de compras al supermercado; el volver se encontró con su marido y una mujer joven con un embarazo bastante avanzado. El hombre le dijo que por fin había conseguido su objetivo con esa mujer, que ya no la necesitaba, que ya había tramitado la anulación del matrimonio, y que tenía que irse de la casa esa misma tarde de julio. La joven no entendía nada; al darse cuenta de lo que había pasado gritó, lloró y hasta rogó; sin embargo la decisión ya estaba tomada. Luego de secar sus lágrimas y arreglarse un poco la cara y el pelo se dirigió a la habitación a sacar las pocas cosas que quería llevarse. Al salir de la casa por última vez, y una vez que la lluvia había cesado, sintió que su mundo se había acabado y ahora empezaba una suerte de incertidumbre peor que la que tuvo al salir del liceo.

Mientras caminaba, la muchacha llamó por celular a su madre para contarle lo sucedido. La mujer de inmediato le dijo que volviera a casa, que su dormitorio la estaba esperando, y que ella y su padre estarían felices de recibirla de vuelta; la madre le dijo que la disculpara pues debía cortarle para ir a arreglar el dormitorio al que llegaría. La muchacha se sintió aliviada al sentir el apoyo de su familia, y decidió irse caminando lento para darle tiempo a su madre a arreglar todo como ella quisiera. A esa hora en su casa seis velas blancas y una vela negra empezaron a consumirse. En ese momento la muchacha extrañamente empezó a sentirse acompañada en su caminata. Quienes iban por la calle vieron a una muchacha con mochila rodeada de seis pequeñas nubes que volaban junto a ella; la séptima alma, la de su primera pérdida, viajaba en ese momento a casa de su padre a cobrar venganza por su madre y sus seis hermanos nonatos.