Cuatro
veinte de la tarde, el calor arreciaba como todos los días a esa
hora. El pavimento parecía un sartén en el quemador encendido de la
cocina, listo para freir un huevo o cocinar algún plato. El hombre
de terno y corbata caminaba traspirando a mares por la calle, y veía
al resto de la gente con polera, bermudas, petos y minifaldas
caminando más frescos que él; muchos de ellos iban ccmiendo helados
de agua o tomando bebidas casi en el punto de congelación, miesntras
él sólo pensaba en llegar a su hogar en algún tiempo más.
Una
hora más tarde el calor había empeorado. Mucha gente sacaba agua de
piletas para refrescarse, mientras su terno parecía apretarse contra
su cuerpo cada vez más y más. El hombre además iba cansado por el
peso de su maleta pero sabía que en cuanto llegara a casa y se
comunicara con su jefe habría valido la pena el esfuerzo del día;
sólo quedaba una hora para terminar la jornada y debía seguir su
recorrido por si salía algo más: en su trabajo no se podían perder
oportunidades por mera comodidad.
Media
hora más tarde llegó el peak del calor. Algunos hombres lisa y
llanamente se sacaban sus poleras y secaban su sudor con ellas; el
hombre ya casi no soportaba el calor del día. De pronto sintió su
cara y pecho mojados: un niño pequeño tenía un balde de plástico,
el que había llenado con agua, y al ver al hombre tan desesperado
decidió lanzarle el agua al cuerpo. El hombre lo miró sorprendido,
mientras aparecía su madre deshaciéndose en disculpas mientras el
hombre secaba un poco su rostro; el tipo sonrió, miró al niño,
acarició suavemente su cabeza y siguió caminando. Un par de cuadras
más allá su maletín se sintió un poco más pesado.
Seis
de la tarde y terminaba su jornada laboral. El hombre se metió a un
callejón y cuando nadie miraba hizo con su mano una puerta en el
aire que al abrirla dejó salir una llamarada indescriptible. El
hombre entró al fuego,perdiendo de inmediato el terno y el cuerpo
humano y recuperando su forma real. El demonio abrió con placer su
maletín, entregándole a su superior las almas que había capturado
ese día; en el fondo del maletín quedó ocultándose el alma del
niño que lo mojó en la calle. Más tarde decidiría si la dejaría
para su uso personal, la devolvería a la realidad, o se la
entregaría a su jefe para ganar mayor reconocimiento en el infierno.