El
sol entraba tímido esa mañana por la ventana. El inicio del otoño
ya estaba marcando el clima en la ciudad, por lo que las temperaturas
estaban más bajas y el sol tardaba más en aparecer y menos en
ocultarse. La vida parecía enlentecerse para la gente,y las ganas de
permanecer en el hogar aumentaban en general. Esa mañana el
adolescente se había levantado temprano para ir al colegio; luego de
tomar su desayuno se dirigió al paradero a tomar el bus para llegar
a clases a una hora prudente. Al llegar, el lugar estaba vacío, y no
se veían buses en ninguno de los dos sentidos.
Media
hora después aún no pasaba ningún vehículo. El muchacho estaba
empezando a preocuparse cuando de pronto vio a una compañera de
curso pedaleando hacia el colegio, la muchacha detuvo la bicicleta
junto al adolescente sin decirle nada quien se acomodó detrás de
la niña para que ésta lo llevara. La muchacha siguió pedaleando
sin dificultad, como si el muchacho no pesara nada.
Cinco
minutos más tarde la muchacha pedaleaba a gran velocidad,
acercándose cada vez más rápido al colegio. El joven se sujetaba
suavemente de la cintura de la ciclista, quien avanzaba rauda por las
vacías calles de la ciudad. El muchacho no entendía por qué nadie
circulaba a esa hora, pero era más seguro de ese modo. De pronto el
joven notó que el jumper de la adolescente empezaba lentamente a
soltarse de su cierre; el joven intentó decirle a la chica, pero
ella lo ignoró.
Dos
cuadras más allá el cierre se había abierto por completo y el
jumper se le había caído, quedando la adolescente sólo con blusa y
ropa interior. A medida que avanzaban la blusa se empezó a abrir
hasta que se salió por completo del cuerpo de la niña dejándola en
sostenes y calzones. Luego el sostén se desabrochó y el calzón se
bajó, dejando a la adolescente desnuda pedaleando hacia el colegio.
En ese momento el muchacho creyó recordar algo, pero ya era
demasiado tarde.
Los
ciclistas pasaron frente al colegio, que a esa hora lucía vacío. El
pelo se le había caído a la muchacha, y la piel se empezaba a
desprender de su cuerpo; dos minutos más tarde los músculos estaban
al aire y la muchacha seguia pedaleando rauda, el joven ya recordaba
claramente; la muchacha que lo llevaba se había lanzado del tercer
piso del liceo muriendo tres días después, y él había sido el
gatillante de esa decisión pues la acosaba permanentemente. Ahora la
bicicleta era pedaleada por un esqueleto al cual le había aparecido
una especie de sotana negra ; sobre su hombro izquierdo se
equilibraba una guadaña, cuyo filo se bamboleaba sobre el
acompañante de la Muerte en bicicleta.