La
mujer no despegaba sus ojos de la pantalla de su teléfono celular;
estaba viendo un noticiario en vivo donde hablaban de una guerra al
otro lado del mundo y las repercusiones que ello tendría en la
economía nacional. De un momento a otro el bus en que viajaba frenó
bruscamente volviéndola a la realidad; la mujer estaba cesante,
dependía de ayudas sociales del estado, llevaba cerca de un año
buscando trabajo sin lograr conseguir nada. Esa mañana viajaba a una
nueva entrevista de trabajo a ver si ahora sí lograba conseguir el
anhelado empleo para volver a depender de si misma.
La
mujer entró al edificio y subió al piso indicado. En el recibidor
había cerca de quince mujeres más jóvenes que ella con papeles en
la mano esperando a la entrevista; al ver el panorama de inmediato se
dio cuenta que era viaje perdido, pues obviamente preferirían a
alguna de las mujeres jóvenes en vez de a ella. Sin embargo, decidió
quedarse por si tenía algo de suerte esa mañana.
Una
a una las mujeres entraban a la oficina, y luego una a una salían
llorando del lugar botando al basurero o rompiendo sus curriculum. La
mujer no entendía nada, y empezó a ponerse nerviosa: tal vez el
llamado era una trampa para un trabajo relacionado con actividad
sexual o algo parecido y ello hacía que las muchachas salieran
llorando del lugar. La mujer estaba a punto de tomar sus papeles e
irse cuando escuchó su nombre: en ese momento algo le hizo decidir
entrar a ver de qué se trataba.
El
entrevistador era un hombre maduro de mirada inexpresiva; en cuanto
la mujer se sentó empezó a explicarle el trabajo. Necesitaban una
mujer de no más de cincuenta años para trabajar en un cementerio de
noche, acompañando a grupos que hacían visitas pagadas nocturnas de
corte histórico y esotérico. La labor era llevar una serie de
talismanes para proteger a los usuarios de las visitas: cuando la
mujer preguntó acerca de quién había que protegerlos, el hombre
activó en su computador un video donde se veían, en color verde,
imágenes de distintas formas volando entre las personas,
asustándolas y haciéndolas huir. En una de las escenas se vio caer
a una mujer de mas de cincuenta años, cuyo corazón no resistió lo
que estaba sucediendo, falleciendo en el lugar. La mujer entendió
por qué las otras mujeres salieron llorando; luego de pensarlo un
par de minutos dijo de inmediato que sí, pues necesitaba el trabajo
y la paga era buena. Ye vería más adelante cómo se venía la mano,
y si era capaz de aguantar a las entidades del cementerio y sus
ataques. Sólo esperaba que los talismanes que le pasaran sirvieran
de algo.