Si entras a este blog es bajo tu absoluta responsabilidad. Nadie asegura que salgas vivo... o entero. Si imaginaste que aquellas pesadillas interminables que sufrí­as de niño cuando te daba fiebre eran horrorosas, prepárate para conocer una nueva dimensión de la palabra HORROR...

domingo, mayo 17, 2026

Compañía

El hombre caminaba a paso cancino a su casa a la medianoche. Las noches después del COVID nunca volvieron a ser las mismas. Antes los locales nocturnos funcionaban casi hasta las cinco de la mañana; ahora encontrar uno abierto a las dos de la mañana era casi un milagro. Y en la comuna donde él acostumbraba salir, las noches no duraban más allá de la una de la madrugada, por lo que simplemente decidió empezar a salir más temprano y volver a medianoche a su hogar. En un principio le parecía un poco aburrida dicha rutina, pero a las pocas semanas su cuerpo y su mente se acostumbraron a los nuevos horarios.

Las calles a esa hora aún tenían flujo de personas de a pie y esperando movilización en los paraderos; algunos estaban sobrios, otros se veían algo mareados y otros definitivamente estaban pagando con creces el consumo excesivo de alcohol y otras cosas. El hombre caminaba con las manos en los bolsillos mirando a su alrededor, evitando acercarse mucho a nadie para evitar malos entendidos.

A la mitad de su trayecto el hombre se cruzó con una mujer que iba acompañada de mucha gente. La mujer llevaba vestimenta acorde al horario; sin embargo sus acompañantes usaban ropa algo extemporánea, como si estuvieran disfrazados o vestidos de época para alguna obra de teatro. La cantidad de personas era tal que ocupaban todo el ancho de la vereda; el hombre quiso cruzar pero el flujo vehicular se lo impidió. Cuando las personas llegaron donde él parecieron disolverse a su paso para reaparecer tras él. La mujer se dio vuelta a mirarlo, extrañada.

Tres cuadras luego del incidente, el hombre llegó a una plaza pública que siempre estaba bien iluminada, pero que esa noche no tenía luminarias. De pronto y entre las sombras aparecieron cuatro personas rodeándolo; dos segundos más tarde, todos tenían cuchillos en sus manos. El hombre se quedó tieso, y empezó a buscar su billetera y su teléfono celular entre sus pertenencias para evitar que la situación se saliera de control; de pronto los hombres palidecieron y salieron huyendo despavoridos. El hombre miró a su alrededor, y reconoció a las personas que lo rodeaban.

Una de la mañana. El hombre que salvó del asalto y la mujer que se cruzó con él cuadras antes estaban sentados en un banco de la plaza, que había recuperado su iluminación. La mujer le contaba al hombre acerca de las ánimas benditas del purgatorio, quienes la acompañaban cada vez que salía de su hogar, y que aquella noche él había visto y no les había tenido miedo. El hombre escuchaba atentamente; mientras tanto, otras ánimas aparecieron para empezar a acompañar los pasos del hombre a partir de esa noche, a cambio de oraciones y una que otra vela.