Si entras a este blog es bajo tu absoluta responsabilidad. Nadie asegura que salgas vivo... o entero. Si imaginaste que aquellas pesadillas interminables que sufrí­as de niño cuando te daba fiebre eran horrorosas, prepárate para conocer una nueva dimensión de la palabra HORROR...

domingo, febrero 01, 2026

Sagrado

El ruido de los tacos de la añosa mujer retumbaban en toda la iglesia. La mujer, quien ya superaba los ochenta años, nunca había dejado de usar tacos desde que tenía quince, por lo que caminar con ellos era casi tan natural como andar descalza. Esa noche era especial para ella, por ende se vistió casi de gala y se puso sus tacos más queridos de diez centímetros terminados en una pequeña punta que amplificaba cada paso y hacía que su presencia se notara en todas partes.

Esa noche tenía demasiado simbolismo para ella. Estaba de cumpleaños, estaba de cumpleaños su marido ya fallecido, que también estaba de aniversario de fecha de deceso, estaba de cumpleaños y de aniversario de deceso su hijo mayor, y de aniversario de matrimonio de su viuda, quien se había hecho cargo del cuidado de su suegra. La mujer sentía que esa fecha sería también la fecha de su partida, por lo que cada año conseguía que su sobrino que era sacerdote le abriera las puertas de su parroquia en la noche, pues tenía la obsesión de partir en terreno sagrado. Cada año, desde ya hacía diez años, pasaba la noche de su cumpleaños en la parroquia, y sólo cuando pasaban las doce se iba a su casa a dormir, frustrada.

Esa noche su sobrino decidió hacer una misa para su tía, y por el descanso de las almas de quienes habían partido de este mundo años atrás. A la mitad de la celebración empezó a temblar, cosa que no asustó a nadie: sin embargo diez segundos más tarde la fuerza del temblor hizo que empezaran a caer trozos de mampostería a la nave central de la iglesia, por lo que se hizo imprescindible evacuar el lugar. Cuando la anciana estaba saliendo, un pedazo de muralla de cuatro ladrillos pegados cayó pesadamente sobre su cabeza, haciéndola caer inconsciente y con un gran corte en su cuero cabelludo.

El terremoto causó estragos en la ciudad esa noche. Sólo después de media hora pudieron subir a la mujer a una ambulancia para trasladarla a alguna urgencia y conocer su estado de salud. La ambulancia quedó atrapada en un taco, y en ese lugar el corazón de la mujer dejó de latir; de inmediato iniciaron las maniobras de reanimación, que terminaron a los cuarenta minutos con el deceso de la señora, cinco minutos antes de las doce de la noche.

El alma de la mujer estaba desconcertada, no entendía lo que le estaba sucediendo. Su cuerpo yacía en una camilla de ambulancia fuera de la iglesia, y a su lado una entidad la miraba con curiosidad. Era el alma de una suerte de chamán que apareció en cuanto falleció la mujer. El alma de la anciana preguntó en silencio por qué había aparecido ese brujo indio al momento de su muerte: en el instante en su cabeza resonó la voz del chamán, quien le dijo que su deseo se había cumplido. Luego de apagada su cansada voz, decenas de almas empezaron a rodear el lugar: la mujer entendió, la ambulancia quedó en el taco en el sector de la carretera en que alguna vez hubo un cementerio indígena. Al alma de la mujer no le quedó más que aceptar su sino, y esperar a partir al más allá cuando todas las almas indígenas estuvieran listas.