Si entras a este blog es bajo tu absoluta responsabilidad. Nadie asegura que salgas vivo... o entero. Si imaginaste que aquellas pesadillas interminables que sufrí­as de niño cuando te daba fiebre eran horrorosas, prepárate para conocer una nueva dimensión de la palabra HORROR...

domingo, enero 18, 2026

Peso

La joven mujer estaba preocupada. Había empezado a trabajar hacía apenas seis meses, y el lunes su jefe le había avisado que el dueño de la empresa venía de visita desde Japón para conocer a los empleados de la sucursal chilena, y que ese sábado tendrían una cena de gala en uno de los mejores hoteles de la capital. La mujer se alegró, pero su jefe le dijo que para los estándares de belleza de Japón estaba pasada de peso por lo que debía bajar al menos cuatro tallas en esa semana para que la cena fuera un éxito. La mujer le dijo que era imposible así que lo mejor era que no fuera, pero su jefe le dijo que el dueño se había fijado en su desempeño por lo que le interesaba conocerla, por lo que debía bajar sí o sí las cuatro tallas. Antes de irse su jefe le pasó un porta ternos dentro del cual venía el vestido que debía usar. La muchacha fue al baño, lo revisó, y se dio cuenta que lo que le había pedido su jefe era imposible.

Ese día a la hora de almuerzo la muchacha se estaba comiendo una ensalada con nada. Su mejor amiga la vio preocupada y se sentó al lado de ella para saber lo que le pasaba. Cuando la muchacha le contó, la joven le dijo que la esperara dos minutos; la joven salió corriendo y justo a los dos minutos volvió con un frasco de pastillas, que según su dueña era el último descubrimiento en baja de peso a nivel mundial, que aún no llegaba ni siquiera a América, pero que un tío suyo se lo había enviado de regalo. La joven sacó siete pastillas y se las dio a su amiga prometiéndole que perdería todo el peso en la fecha que necesitaba. La joven sonrió, abrazó a su amiga, y de inmediato se tomó la primera cápsula.

Dos días después el efecto parecía increíble: había bajado tres tallas, ya casi cabía en el traje, y no había dejado de comer ni nada parecido. Las miradas de sus compañeros se fijaban en ella con admiración, y de sus compañeras con envidia. La joven estaba feliz, y segura que lograría su cometido. De pronto un estafeta se le acercó, y le dijo respetuosamente que se veía muy bien, pero que había bajado demasiado rápido, quue debía cuidarse para que nada malo le pasara. La joven le agradeció, y frente al muchacho se tomó la cápsula del día: el joven bajó la cabeza y siguió de largo.

Al tercer día la joven despertó y se paró rauda para ir a la ducha: en cuanto se puso de pie su camisa de dormir se cayó, quedando desnuda. La joven no entendía lo que había pasado hasta que se miró al espejo: estaba en los huesos, apenas tenía piel, y no se notaba nada de masa muscular. La joven sacó el traje, y al probárselo se dio cuenta que le quedaba demasiado grande. La muchacha llamó al trabajo para excusarse por motivos de salud, y empezó a fijarse que su piel seguía adelgazando. Cerca de las diez de la mañana su piel desapareció, quedando sus huesos, algunos músculos y vísceras al aire. A mediodía las vísceras desaparecieron. A las cinco de la tarde se desvaneció en el aire. A las ocho de la noche su amiga celebraba en un bar el haberse deshecho de la mujer que le quitó el puesto al que ella aspiraba en la empresa en que llevaba trabajando cerca de siete años.