Si entras a este blog es bajo tu absoluta responsabilidad. Nadie asegura que salgas vivo... o entero. Si imaginaste que aquellas pesadillas interminables que sufrí­as de niño cuando te daba fiebre eran horrorosas, prepárate para conocer una nueva dimensión de la palabra HORROR...

domingo, agosto 09, 2026

Trabajo

El hombre miraba el suelo, desganado. La jornada laboral estaba bastante pesada, y los problemas familiares no lo dejaban concentrarse adecuadamente. Su esposa estaba cursando una depresión terrible que la había llevado a intentar suicidarse en varias ocasiones, su hija mayor estaba metida en el consumo de drogas hacía ya medio año, y su hija menor había quedado embarazada hacía tres meses. La vida estaba complicada, y su trabajo le exigía estar concentrado al cien por ciento para no cometer errores.

El hombre estaba hablando con su jefe respecto de su siguiente cliente. El hombre tenía la mente puesta en su esposa para que no intentara nuevamente suicidarse, pues sabía que su hija mayor no era capaz de cuidarla mientras estuviera consumiendo la porquería que fuera que consumía; al principio de la historia de su hija sabía perfectamente lo que se metía en el cuerpo, pero con el paso de los meses empezó a probar más y más cosas hasta que todo se descontroló y simplemente se rindió ante la adicción de su primogénita. Mientras tanto su hija de dieciséis años cursaba un embarazo complicado de padre desconocido, pues durante una semana se acostó con todos los compañeros de su curso: lo único que tenía tranquilo al hombre era que no había evidencias de enfermedades de transmisión sexual, pero su hija debía pasar la mayor parte del día en reposo. De pronto escuchó a su jefe decirle que lo había violado un extraterrestre: el hombre abrió unos ojos enormes, y su jefe entendió que recién lo estaba escuchando al darse cuenta de la estupidez que le dijo. El hombre volvió a bajar la cabeza al sentirse descubierto con ese viejo truco, y ahora sí le tomó atención a su jefe.

A la mañana siguiente el hombre llegó muy temprano, se cambió de ropa y se dirigió de inmediato a preparar todo. Entró a la habitación donde lo esperaban cinco personas. El hombre no saludó, se dirigió donde el hombre que ya lo esperaba con ambos brazos descubiertos, colocó en ambos vías venosas y luego lo acompañó con las otras cuatro personas a la habitación contigua, donde conectó las vías a dos bajadas de suero, para luego salir de esa habitación y entrar a la contigua donde había una consola de control. A través del vidrio vio a un hombre decirle cosas al que estaba amarrado a la camilla; éste respondió algo, y luego otro de los hombres miró hacia el vidrio y le hizo una seña. El hombre apretó el botón que descargaba el barbitúrico a la sangre para dormir a la persona, luego el segundo botón que descargaba el paralizante del diafragma y del corazón para acabar con su vida. Terminada la ejecución del condenado a muerte, el médico constató el deceso, luego de lo cual entraron dos personas encargadas de meter el cuerpo a un cajón y entregarlo a la familia. A veces el verdugo pensaba que los problemas de su familia eran un castigo por el trabajo que hacía, pero luego pensaba en la inexistencia del más allá y de los castigos de alguna deidad, para no volverse loco.