El
hombre miraba el suelo, desganado. La jornada laboral estaba
bastante pesada, y los problemas familiares no lo dejaban
concentrarse adecuadamente. Su esposa estaba cursando una depresión
terrible que la había llevado a intentar suicidarse en varias
ocasiones, su hija mayor estaba metida en el consumo de drogas hacía
ya medio año, y su hija menor había quedado embarazada hacía tres
meses. La vida estaba complicada, y su trabajo le exigía estar
concentrado al cien por ciento para no cometer errores.
El
hombre estaba hablando con su jefe respecto de su siguiente cliente.
El hombre tenía la mente puesta en su esposa para que no intentara
nuevamente suicidarse, pues sabía que su hija mayor no era capaz de
cuidarla mientras estuviera consumiendo la porquería que fuera que
consumía; al principio de la historia de su hija sabía
perfectamente lo que se metía en el cuerpo, pero con el paso de los
meses empezó a probar más y más cosas hasta que todo se
descontroló y simplemente se rindió ante la adicción de su
primogénita. Mientras tanto su hija de dieciséis años cursaba un
embarazo complicado de padre desconocido, pues durante una semana se
acostó con todos los compañeros de su curso: lo único que tenía
tranquilo al hombre era que no había evidencias de enfermedades de
transmisión sexual, pero su hija debía pasar la mayor parte del día
en reposo. De pronto escuchó a su jefe decirle que lo había violado
un extraterrestre: el hombre abrió unos ojos enormes, y su jefe
entendió que recién lo estaba escuchando al darse cuenta de la
estupidez que le dijo. El hombre volvió a bajar la cabeza al
sentirse descubierto con ese viejo truco, y ahora sí le tomó
atención a su jefe.
A
la mañana siguiente el hombre llegó muy temprano, se cambió de
ropa y se dirigió de inmediato a preparar todo. Entró a la
habitación donde lo esperaban cinco personas. El hombre no saludó,
se dirigió donde el hombre que ya lo esperaba con ambos brazos
descubiertos, colocó en ambos vías venosas y luego lo acompañó
con las otras cuatro personas a la habitación contigua, donde
conectó las vías a dos bajadas de suero, para luego salir de esa
habitación y entrar a la contigua donde había una consola de
control. A través del vidrio vio a un hombre decirle cosas al que
estaba amarrado a la camilla; éste respondió algo, y luego otro de
los hombres miró hacia el vidrio y le hizo una seña. El hombre
apretó el botón que descargaba el barbitúrico a la sangre para
dormir a la persona, luego el segundo botón que descargaba el
paralizante del diafragma y del corazón para acabar con su vida.
Terminada la ejecución del condenado a muerte, el médico constató
el deceso, luego de lo cual entraron dos personas encargadas de meter
el cuerpo a un cajón y entregarlo a la familia. A veces el verdugo
pensaba que los problemas de su familia eran un castigo por el
trabajo que hacía, pero luego pensaba en la inexistencia del más
allá y de los castigos de alguna deidad, para no volverse loco.