El
muchacho caminaba feliz por la calle. Hacía ya un mes que su madre
le había regalado audífonos con cancelación de ruido, y desde ese
momento su percepción de la realidad había cambiado por completo.
El chico podía caminar por la calle sin escuchar en su real
intensidad gritos, bocinazos, ruidos de motores; ahora todo sonaba
atenuado y era la música lo que realmente llenaba su ambiente. El
mundo se había convertido en un lugar un poco más feliz desde el
día del regalo, y eso se lo agradecería por siempre a su
progenitora.
El
adolescente era centrado y cuidadoso con sus cosas, sabía que no
podía usar los audífonos en clases, y para evitar molestias de sus
compañeros y amigos simplemente no los usaba en el colegio. Así, su
tranquilidad empezaba al salir de clases y duraba hasta que se
acostaba; de todos modos, y por respeto a su madre, en casa usaba una
cancelación parcial para no perder la comunicación en el hogar. Sin
embargo su madre también respetaba sus espacios, por lo que no
estaba todo el tiempo hablándole ni interrumpiendo su tiempo libre,
lo que le daba la libertad al muchacho de disfrutar al máximo su
adolescencia.
Esa
tarde de viernes el muchacho había llegado temprano del colegio,
tomó once con su madre y su hermano menor, jugó bastante rato con
su perro, un mestizo que quiso ser pastor alemán pero no lo logró
pese a su esfuerzo, luego de lo cual se fue al dormitorio. Antes de
subir al segundo piso su madre le preguntó si no saldría esa tarde
con amigos a jugar a alguna casa, a lo que el muchacho respondió que
no, que esa noche jugarían en línea; la mujer no entendía mucho
pero la dejó contenta el saber que esa noche su hijo no saldría,
pues ella andaba con un extraño presentimiento. Una hora más tarde
diez amigos estaban jugando en línea el juego de moda, todos con una
botella de bebida y una bolsa de papas fritas visibles en pantalla.
De pronto, y por encima de la cancelación de ruido de los audífonos,
el muchacho escuchó algo, le avisó a sus compañeros de juego y
salió de la habitación, dejando la puerta abierta y los audífonos
con micrófono conectados. Uno de los muchachos escribió por el chat
que guardaran silencio a ver qué pasaba, para luego molestar al
adolescente.
Nueve
muchachos escucharon pasos bajando la escalera. Nueve muchachos
escucharon una voz de mujer quejándose y llamando al parecer al
hermano del adolescente. Los mismos nueve muchachos escucharon el
grito desgarrador de su amigo, luego de lo cual se dejó sentir un
ruido sordo, un fuerte golpe en el piso, otro ruido sordo, y luego
sonido de desconexión y reconexión de los audífonos. Un minuto
después, y luego de escuchar de nuevo pasos en la escalera, una
imagen abrió la puerta, vestido completo de negro y con un arma en
la mano. Los adolescentes vieron cómo el tipo manipulaba el
computador para conseguir todas las direcciones IP de los conectados.
Antes de salir miró a la cámara, y pasó su dedo pulgar levantado
por delante de su cuello.