Si entras a este blog es bajo tu absoluta responsabilidad. Nadie asegura que salgas vivo... o entero. Si imaginaste que aquellas pesadillas interminables que sufrí­as de niño cuando te daba fiebre eran horrorosas, prepárate para conocer una nueva dimensión de la palabra HORROR...

domingo, julio 19, 2026

Cigarrillo

El novelista se había levantado temprano esa mañana. La editorial lo estaba apurando con el último proyecto por lo que tenía que trabajar seria y rápidamente para entregar avances y demostrar que la publicación estaría en los plazos acordados. Esa mañana debería avanzar en la parte de ficción de la novela, pues a la tarde tendría que ir a una biblioteca pública a buscar antecedentes, pues en internet no estaba la información específica que necesitaba para darle el entorno de realidad que caracterizaba a sus libros. Luego de desayunar encendió el computador, se sirvió una taza de café muy cargado y encendió el primer cigarrillo de la mañana, esperando que las dos cajetillas compradas le alcanzaran para la jornada.

Dos minutos más tarde el escritor tomó el cigarrillo para darle la segunda aspirada; sin embargo, ya estaba consumido. El escritor miró con extrañeza lo poco que había durado, pues a veces los dejaba en el cenicero y se consumían solos, pero ello demoraba al menos diez minutos. Sin pensarlo mucho encendió el segundo, aspiró una vez y lo dejó en el cenicero; luego de terminar el párrafo que estaba escribiendo lo volvió a tomar, y nuevamente estaba consumido. El hombre miró su reloj: habían pasado tres minutos desde que lo encendió. El escritor estaba confundido, y necesitaba saber qué estaba pasando.

El hombre encendió el tercer cigarrillo, apenas lo aspiró para que encendiera bien y lo dejó en el cenicero, y se quedó mirándolo. El escritor vio con curiosidad que la zona encendida parecía tomar más color, como si alguien estuviera aspirando el cigarrillo, el cual se consumió en cuatro minutos. El hombre no entendía qué pasaba; repitió el ensayo con tres cigarrillos más, resultando exactamente lo mismo; de inmediato cerró el archivo de la novela, abrió el buscador de internet a ver qué encontraba. Dentro de las posibilidades aparecían fantasmas, fenómenos ambientales, pero una respuesta llamó su atención: entidades.

A media mañana el escritor no había avanzado nada de su proyecto, pero había descubierto una realidad desconocida para él: la existencia de cultos que se basaban en la presencia de entidades, almas desencarnadas que se comunicaban con los vivos por medios físicos llamados ofrendas, donde el tabaco llevaba la delantera dentro de lo más utilizado para comunicación. El escritor no entendía por qué le estaba pasando eso, cuando de pronto recordó que habia ido a ver a una tía abuela a un hogar de ancianos, y que antes de irse la señora le había pasado una estampita para protección. El hombre fue al closet, revisó el bolsillo de,la chaqueta, sacó la estampita y vio con horror un esqueleto con capucha negra y una guadaña en la mano.

A la mañana siguiente el escritor se volvió a levantar temprano. Terminado de desayunar encendió el computador, y puso dos ceniceros: uno para él y otro para la Santa Muerte, cuya estampita colocó en el escritorio acompañado de un vaso corto de tequila. Tanto el cigarrillo como el licor empezaron a consumirse a vista y paciencia del escritor. Ahora esperaba que sus dos cajetillas y las seis de la Santa le alcanzaran para su jornada de trabajo.