Si entras a este blog es bajo tu absoluta responsabilidad. Nadie asegura que salgas vivo... o entero. Si imaginaste que aquellas pesadillas interminables que sufrí­as de niño cuando te daba fiebre eran horrorosas, prepárate para conocer una nueva dimensión de la palabra HORROR...

domingo, septiembre 20, 2026

Angustia

El hombre miraba con desdén la pantalla de su computador. El sistema de su trabajo llevaba ya tres días caído, por lo que no había podido avanzar nada con las compras que tenía que documentar, llevando a un déficit de insumos generalizado en las sucursales de su empresa; pese a que ello era sabido por su jefatura y que nadie lo estaba presionando ni cuestionando por el problema, él se sentía responsable por no poder cumplir aquello para lo que había sido contratado. Al empezar la tercera jornada sin sistema, su ánimo se fue al suelo.

El Whatsapp del teléfono del hombre no dejaba de sonar; decenas de mensajes de las sucursales llenaban su pantalla, sus oídos y su cerebro. Cerca de las diez de la mañana, y por un asunto de salud mental silenció todos los mensajes, pues nada podía hacer para solucionarlo y la angustia aumentaba a cada segundo. A las once de la mañana el teléfono fijo de su oficina empezó a sonar: al no obtener respuestas por el Whatsapp decidieron empezar a llamarlo para exigir soluciones. El hombre empezó a contestar las llamadas explicando el problema y ofreciendo una solución temporal de contacto con los proveedores; a la décima llamada las fuerzas se le acabaron, dejó de contestar, y en un acto de desesperación se acercó a la ventana más cercana a su escritorio y se lanzó al vacío. Cinco segundos más tarde su cuerpo explotaba contra el pavimento acabando con su vida.

El alma del hombre veía su cuerpo deformado contra el pavimento mientras gritos de horror de los transeúntes inundaban el lugar. Cinco minutos más tarde empezaron a escucharse a lo lejos sirenas de vehículos de emergencia, que tal vez iban a ver lo que le había pasado. De pronto el hombre giró su cabeza, y se dio cuenta que de pie a su lado otra alma estaba de pie mirando la situación. En ese momento el alma empezó a recriminarle la decisión que había tomado, y lo llevó al piso desde el que había saltado para que viera lo que había provocado.

Al llegar al lugar la escena era terrible. Las compañeras lloraban todas a mares, los compañeros no entendían la decisión y se recriminaban entre ellos. Al fondo del lugar su jefe estaba con los ojos llorosos culpándose por no haberlo apoyado adecuadamente, y buscando en el teléfono que aún estaba en el escritorio el número de su esposa para avisarle lo que había pasado. El hombre recién empezaba a entender el trasfondo de su decisión, y la angustia invadió violentamente su alma; el hombre miró al alma que lo había enfrentado con su realidad y le pidió una segunda oportunidad. El alma asintió.

El hombre despertó justo antes de saltar, miró la ventana y se alejó de ella; de pronto tropezó, cayo con fuerza de espaldas, y sin darse cuenta se encontró nuevamente cayendo al vacío. El demonio había cumplido su objetivo, que no era darle una nueva oportunidad sino traspasar la angustia del cuerpo al alma del pobre desgraciado, para que la sufriera por toda la eternidad, o hasta que alguna entidad del bien se dignara levantarle el castigo.