Las
palabras se confundían en la mente de la adolescente. Una mujer
desconocida la detuvo en la calle y le empezó a gritar de la nada
que era amante de su marido y que estaba destruyendo una familia. La
niña, que apenas superaba los quince años y venía camino del
colegio a su hogar con uniforme escolar miraba para todos lados
tratando de entender qué estaba pasando. De la nada aparecieron dos
escolares más que tomaron a la mujer por los hombros y la cintura y
la subieron a un auto; tras ellos apareció un hombre adulto
deshaciéndose en disculpas y explicando que su esposa estaba mal del
cerebro y se les había escapado de la casa. El hombre miró con
vergüenza a la escolar, puso en su mano un billete a modo de
compensación y se subió al vehículo.
La
adolescente llegó a su casa, y antes de decir nada entró a su
dormitorio, abrió el cajón del escritorio y dejó dentro el
billete, junto con otros tantos que había recibido esa semana. Al
llegar al comedor su madre la saludó y mientras le servía la once
le preguntó cómo había sido su día; la adolescente le contó el
incidente, la madre escuchó todo y bajó la cabeza. La muchacha
empezó a sentirse desamparada hasta que llegó su hermana, dos años
mayor, quien alcanzó a ver el incidente de su hermana con la mujer y
antes que el vehículo partiera lo empezó a patear con violencia,
para terminar golpeando a todos sus ocupantes. La hermana mayor le
contó con lujo de detalles todo lo que le hizo al vehículo y sus
ocupantes, lo que alegró a la adolescente y la hizo sentirse algo
más protegida. El resto de la tarde ambas adolescentes la pasaron
conversando de lo que le estaba pasando a la hermana menor: hacía
cerca de un mes que gente en la calle se le acercaba a acusarla de
cosas que no había hecho, para que luego algún familiar
interviniera para aclarar la situación y compensarla económicamente.
Las muchachas no entendían qué pasaba ni dónde buscar ayuda.
A
la tarde siguiente ambas muchachas se fueron juntas a casa, pues la
hermana mayor estaba decidida a proteger a la menor de cualquiera que
intentara echarle a perder la tarde. A mitad de camino y al doblar
una esquina se encontraron de frente con dos tipos enormes de mirada
perdida que alcanzaron a bloquearles el paso por no más de dos
segundos, para luego separarse y dejarlas pasar; las muchachas
quedaron sorprendidas al ver la estatura de los hombres,y apuraron el
paso como si ello fuera el presagio de algún problema. Dos cuadras
más allá´un hombre gordo las detuvo y empezó a insultar a la
menor: de inmediato la mayor se interpuso entre ambos siendo empujada
y derribada por el tipo quien empezó a mover los brazos de modo
amenazador. En ese momento aparecieron los dos hombres enormes
quienes tomaron por los brazos al hombre gordo quien palideció. Al
instante en el cerebro de ambas muchachas se escuchó la orden de
avanzar sin mirar atrás. Las muchachas salieron corriendo; dos
segundos después un destello iluminó todo a sus espaldas, pese a lo
que no miraron atrás. Desde el plano superior un ser de luz miraba
la escena, complacido: la maestra y la guerrera habían empezado a
entender algo de sus misiones, y habían hecho caso a los guerreros
de la luz, quienes se encargarían desde ese momento de proteger los
planes de ambas elegidas de los ataques de la oscuridad.