La
añosa mujer se levantó cansada esa mañana, como ya le estaba
pasando hacía cerca de tres meses. De un día para otro empezó a
cansarse cada vez más, y a bostezar muchas veces todos los días; de
hecho ya sus conocidos le preguntaban acerca de su descanso, pues
bostezaba demasiado, casi a cada instante. La mujer dormía casi
nueve horas al día, y pese a ello no dejaba de bostezar. La mujer no
sabía qué pensar y no quería ir al médico, pues la última vez
que consultó le encontraron un cáncer y estuvo en un eterno y
doloroso tratamiento de tres años para erradicarlo de su cuerpo., lo
que la dejó temerosa de consultar desde que la dieron de alta.
La
mujer salió de su casa camino al trabajo a la misma hora de siempre.
Para llegar a la empresa en que se desempeñaba como operaria, debía
tomar tres buses, pues vivía bastante lejos de donde trabajaba. Esa
mañana había un exceso de escolares en el bus, pues se habían
acabado las vacaciones de invierno y debían volver a clases. A la
mujer le cedieron el asiento por lo que pudo iniciar la primera parte
del trayecto bastante cómoda; sin embargo los bostezos no paraban.
De pronto la mujer se fijó en una escolar que la miraba fijamente,
como si sus bostezos la incomodaran. La mujer prefirió simplemente
ignorar a la muchacha y mirar el paisaje urbano mientras se acercaba
a paradero para hacer el primer transbordo al segundo bus. Al llegar
al paradero la mujer se bajó; al pararse en la plataforma de espera
de buses, se fijó que la escolar también se había bajado, y la
miraba fijamente cada vez que bostezaba.
La
mujer se acercó a la escolar, molesta. Antes que pudiera decir nada,
la niña le preguntó desde cuándo estaba bostezando tanto, y si le
había pasado algo justo antes que ello empezara. La mujer quedó
paralizada, le contó a la escolar que el problema llevaba seis meses
y que una semana antes de empezar había peleado con su hermana menor
por la herencia de sus padres, recientemente fallecidos. La niña le
pidió que la acompañara a una cuadra del paradero, que ella le
podría solucionar el problema. La mujer vio la hora, y al darse
cuenta que estaba adelantada, decidió acompañar a la escolar.
La
mujer y la niña entraron a una calle sin salida. La escolar sacó un
extraño collar y empezó a rezar en voz baja en un idioma
desconocido para la mujer. De pronto le dieron ganas de bostezar
nuevamente, pero en esta ocasión el bostezo duró casi un minuto.
Con horror la mujer vio cómo una forma humana de gas salía por su
boca en el bostezo. La joven medium le explicó a la mujer que su
hermana había conseguido el alma de un muerto para hacerle daño,
pero esa alma se negaba a dañarla, por lo que intentaba salir por el
bostezo esos meses. La mujer miró a la escolar ya curada de su
tormento, y le preguntó cuánto le debía; la muchacha la miró, y
le pidió que le comprara sopaipillas en el puesto al lado del
paradero.