Si entras a este blog es bajo tu absoluta responsabilidad. Nadie asegura que salgas vivo... o entero. Si imaginaste que aquellas pesadillas interminables que sufrí­as de niño cuando te daba fiebre eran horrorosas, prepárate para conocer una nueva dimensión de la palabra HORROR...

domingo, octubre 04, 2026

Matriarcado

La luz del sol entraba furiosa por la ventana esa mañana. El transparente vidrio dejaba pasar sin reparos la luz del astro rey calentando el dormitorio de la vieja casa instalada al medio de dos edificios de veinte pisos. Por cerca de diez años las constructoras habían intentado comprar la casa recibiendo la negativa de la dueña, mujer añosa hija de la dueña original quien había edificado la construcción a principios del siglo viente. Su familia era un matriarcado de mujeres longevas que sólo se casaban para perpetuar los genes; para ellas el apellido era intrascendente, lo que importaba es que la sangre siguiera viva en el planeta la mayor cantidad de tiempo posible. El problema era que la dueña de la casa había tenido sólo hijos hombres, y ellos ya le habían manifestado la decisión de vender la casa en cuanto ella falleciera. El legado del matriarcado pendía de un hilo, y a su edad ya no había nada que hacer.

La nonagenaria anciana veía revistas de moda en una tablet, regalo de una de sus nietas; pese a la edad, la mujer se mantenía lo más al día que podía respecto de la tecnología, lo que aprovechaba para mantener contacto con familiares lejanos. Ese mediodía recibió un extraño correo de una prima del sur; al abrirlo, se encontró con la desagradable sorpresa que una de sus sobrinas bisnietas estaba con una leucemia aguda, y su madre estaba buscando familiares compatibles para hacer un transplante de células madre para recuperar a su hija. La anciana envió por si acaso sus datos, y a los pocos minutos recibió un correo para presentarse en una clínica de su ciudad para hacerse el estudio y determinar si era una donante potencial. La mujer acudió a la clínica, se hizo el estudio, y a los ocho días recibió la confirmación: era compatible. La anciana, sin decir nada, compró un pasaje de avión y viajó a la ciudad donde vivían su sobrina nieta y su sobrina bisnieta.

Al llegar a la clínica se encontró con sus familiares quienes agradecieron el gesto pero declinaron el ofrecimiento debido a la edad de la mujer; en ese momento apareció el médico tratante a avisarles que la niña estaba en crisis, y que si no se hacía el transplante en menos de dos días ya no habría vuelta. La anciana le preguntó directamente al médico si ella podía ser la donante: el profesional le dijo que en otras circunstancias buscaría otras opciones, pero dada la premura del tiempo él aceptaba hacer el procedimiento. Su familia se negó rotundamente, pero ella y el médico los convencieron de la necesidad de actuar rápido; la anciana sin dudar les dijo que ella ya había vivido demasiado, y que no le importaba si le pasaba algo con tal de salvar a la pequeña. Los padres agradecieron y llevaron a la anciana a ver a su sobrina bisnieta antes del procedimiento. Al ver a la muchacha, la anciana comprendió lo acertado de su decisión.

Dos horas después del implante la muchacha despertó, se sentó en la cama y lo primero que hizo luego de abrazar a sus padres fue pedir un espejo. La muchacha se miró, y recordó cuando tenía la edad de la muchacha, más de ochenta años atrás. Con la médula, también se había transplantado el alma de la anciana al cuerpo de la menor, quien era idéntica a la añosa mujer a la misma edad: ahora tendría la oportunidad de revivir al matriarcado. Mientras tanto el alma de la niña subía al más allá, a empezar el descanso que tanto anhelaba. En otra habitación, el cuerpo de la anciana daba sus últimas señales de vida, ya sin alma.