Casa
Las jóvenes risas inundaban las oscuras y semiabandonadas salas. El guardia los miraba con recelo y envidia: ya había olvidado cuando la risa brotaba espontáneamente de su boca. Tal vez era cuando su pelo no era cano ni su piel marchita; o cuando la vida aún era vida. El pequeño edificio fue alguna vez un hogar de ancianos abandonados, donde iban a parar todos los que ya no producían ni tenían medios para no estar en ese encierro. La mayoría de las veces funcionaba como la última morada de esas vidas no deseadas por el “sistema”.
El guardia había llegado de joven al hogar, y había envejecido con él. Había visto llegar por sus medios y salir en cajones austeros a cientos (no sabía si miles) de abuelitos que sólo añoraban su pasado; eso que en un principio lo sumía en depresiones e insomnios, con el paso de los años curtió su alma. Mal que mal, ya existía una verdadera rutina de los cajones, con carpintero incluido. Pero ya hacía 10 años que no llegaban ancianos. Lentamente el flujo empezó a disminuir, hasta que el último de ellos murió y dejó la edificación en su cajón. De ahí en adelante el guardia seguía recibiendo su sueldo, pese a no tener a quién cuidar. En un comienzo se esmeraba por mantener todo limpio; a los dos años dejó de preocuparse.
Hacía ya dos días que el grupo de jóvenes ocupaba la casa. Una mañana de invierno el guardia los divisó pero no dijo nada: total, nadie venía nunca y si no hacían destrozos, no habría problemas. Terminando su turno escuchó el silencio: abruptamente las risas habían desaparecido. Sin darle mayor importancia y pensando que los jóvenes estaban durmiendo, se fue.
A la mañana siguiente volvió a escuchar el silencio. Ahora sí algo preocupado decidió entrar: avanzó lentamente por el derruido pasillo con su luma en ristre. Al llegar al cuarto de los jóvenes, notó que la puerta estaba como nueva, y se veía luz desde el interior. Al entrar vio las paredes y el cielo limpios. En el suelo, que también parecía renovado, estaban los cadáveres envejecidos de los jóvenes, cuya energía usó la casa para volver a la vida…
El guardia había llegado de joven al hogar, y había envejecido con él. Había visto llegar por sus medios y salir en cajones austeros a cientos (no sabía si miles) de abuelitos que sólo añoraban su pasado; eso que en un principio lo sumía en depresiones e insomnios, con el paso de los años curtió su alma. Mal que mal, ya existía una verdadera rutina de los cajones, con carpintero incluido. Pero ya hacía 10 años que no llegaban ancianos. Lentamente el flujo empezó a disminuir, hasta que el último de ellos murió y dejó la edificación en su cajón. De ahí en adelante el guardia seguía recibiendo su sueldo, pese a no tener a quién cuidar. En un comienzo se esmeraba por mantener todo limpio; a los dos años dejó de preocuparse.
Hacía ya dos días que el grupo de jóvenes ocupaba la casa. Una mañana de invierno el guardia los divisó pero no dijo nada: total, nadie venía nunca y si no hacían destrozos, no habría problemas. Terminando su turno escuchó el silencio: abruptamente las risas habían desaparecido. Sin darle mayor importancia y pensando que los jóvenes estaban durmiendo, se fue.
A la mañana siguiente volvió a escuchar el silencio. Ahora sí algo preocupado decidió entrar: avanzó lentamente por el derruido pasillo con su luma en ristre. Al llegar al cuarto de los jóvenes, notó que la puerta estaba como nueva, y se veía luz desde el interior. Al entrar vio las paredes y el cielo limpios. En el suelo, que también parecía renovado, estaban los cadáveres envejecidos de los jóvenes, cuya energía usó la casa para volver a la vida…
Daos una vuelta por El patio trasero, si os interesó el prólogo del post anterior.
18 Comments:
¿Juventud Divino Tesoro?
Cuídate.-
plop, bendiciones.
Me parece que el guardia cuidaba algo más que la casa.
Cuidado Doc, mire que esto de vampirear juventud se vuelve un vicio,jajajaja
Saludos nocturnos
Una casa que consume la energia vital? Muy buen tema elegiste para la historia Blood.
Saludos no Sangrientos
Juas!
Me hace acordar a la Mansion Rose Red de Stephen King...
Muy buena peli...
Lástima que sea tan larga :P
Saludos.
Y el guardia, que envejeció con la casa, se quedó ahí, viejo y solo... A veces, quien no se desquita en el momento justo, es el que al final más pierde.
Tus relatos son siempre escalofrintemente interesantes.
No me los pierdo.
Feliuz segundo aniversario.
Un abrazo bien grande.
De algo hay que vivir...
DTB
Doctor Blood, no he estado nunca en ninguna casa de este tipo, pero sí he conocido personas que son auténticos glotones de energías. ¡Líbrenos Dios de ellos!
Chutaaaa!!! la casa malditaaa!!! Es medio loco, peroun montón de veces he tenido pesadillas con casas malditas, casas donde alguna vez viví, pero que en los sueños se hacen 20 veces mas grandes y demoníacas.
Puro Blood!!!
Besos!
Alfonsina (...Cicuta O Maleza?...)
siempre brillante Dr. Blood
saludos
hola bienvenido a blogisimo nos vemos suerte con el blog!!!
Y que haria el guardia despuès,para explicar la situaciòn ?
saludos !!!
Y que fue del club de mal portados? Yo tenia una invitación que hacerles!
El club murió de muerte natural hace dos meses. No te preocupes, no sufrió mucho...
Saludos sangrientos
Blood
la juventut!
que cosa no?
buen post
saludos*
la jvuentud.... es tan cierta que se lleva en el alma
... como es q a veces los jovenes..se ven mas viejos...
Pero porqeu sera q,....siempre nos queremos poner otra edad
entretenido relato.
Saludos.
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