Si entras a este blog es bajo tu absoluta responsabilidad. Nadie asegura que salgas vivo... o entero. Si imaginaste que aquellas pesadillas interminables que sufrí­as de niño cuando te daba fiebre eran horrorosas, prepárate para conocer una nueva dimensión de la palabra HORROR...

miércoles, noviembre 07, 2012

Blues

El viejo músico caminaba cabizbajo por la berma de la autopista a la salida de la ciudad. Llevaba al hombro un bolso acolchado donde iba su anticuada guitarra eléctrica semisólida, vieja compañera de cientos o tal vez miles de presentaciones; esa guitarra le permitía tocar aunque no hubiera electricidad, gracias a su caja acústica de noble madera, y hacía temblar cualquier recinto al conectarla a un buen amplificador de tubos. Luego de años de carrera musical ininterrumpida, plagada de logros y reconocimiento, había llegado al tan temido momento por todo artista dedicado a la música: murió la pasión. Esa necesidad por tocar y cantar, por componer y grabar, por versionar y acompañar a otros músicos había muerto, dejando su existencia completamente sin sentido: ya no era un artista, sino una persona más en un planeta plagado de iguales.

El guitarrista iba con audífonos escuchando sus primeras grabaciones, convenientemente convertidas a formato digital para poder llevarlas consigo en un pequeño reproductor musical. Si bien es cierto nada es capaz de reemplazar la calidad de una grabación en vinilo o en cinta magnética, el viejo agradecía ese invento de la modernidad que le permitía llevar cómodamente toda su vida en una cajita de siete por tres centímetros. El resto de los bienes que llevaba en su viaje cabían en la deslavada mochila que colgaba del hombro que dejaba libre su guitarra: una destartalada armónica de peine de madera para llenar el espacio enorme que dejaba en su cabeza la falta de nuevas ideas musicales; un paquete de mate, un mate de calabaza, una bombilla de plata y un termo de medio litro para calentar el cuerpo y acompañar alguna fogata; dos cajetillas de cigarrillos y un encendedor a bencina para iluminar la ruta y endurecer su ya rasposa voz; charqui de caballo para alimentarse, y una botella de whisky barato para pasar el charqui. Sus pasos seguían un camino ya conocido, y su lento andar demostraba las pocas ganas de llegar a destino. De todos modos no había apuro, llegaría cuando llegara, pues ahora que era un simple humano más, nadie lo esperaba ni menos necesitaba.

El músico seguía su marcha cabizbajo cerca de la medianoche por la berma de la carretera sin miedo alguno; los miedos se habían quedado en el último pueblo que pasó, donde un par de veinteañeros intentaron asaltarlo y recibieron a cambio su indiferencia: los jóvenes ladrones quedaron paralizados al ver que el viejo hacía caso omiso a sus amenazas y disparos. El viejo gutarrista repasaba su vida con cada blues que pasaba por sus oídos; de pronto llegó el final de la lista de reproducción, una versión de un conocido blues que él adaptó para que sonara perfecto sólo con guitarra y voz, y que grabó de una sola vez en el último estudio que visitó en su vida. Cuando levantó la mirada se encontró con un cruce no señalizado de otra carretera con la principal por donde él iba. Al mirar con cuidado encontró el montículo de tierra que había dejado allí, setenta años atrás, cuando joven. El viejo bluesero sacó de su bolso la guitarra y de la mochila el whisky y el encendedor, impregnó la madera de su vieja compañera de vida en el destilado, del cual guardó un sorbo antes de vaciar la botella para brindar por todo y por nada. Cuando vio que en su reloj daban las doce de la noche encendió la guitarra y se sentó a esperar: a los diez segundos una silueta apareció de entre las llamas de su agónico instrumento a llevarse su alma en pago al contrato firmado con sangre, por una vida de música nacida del alma.

3 Comments:

Blogger Clo Arre said...

Hell Yeaaaaaah! Ese sí que es pacto con el diaulo! Bello cuento, me encantó.

11:32 p. m.  
Blogger RutyMeTaL said...

hola.después de muuuucho tiempo.paso otra vez.che, este relato tiene una onda de la peli "encrucijada" . con otro final .
me gusta que tengas muchos relatos "locos" en tu mente y ojala sea x siempre.
saludos de Buenos Aires-Argentina-

9:37 p. m.  
Blogger LA LOCA DE LA CASA said...

mmmm, la muerte de la música es la muerte para la humanidad, viva la música, viva la poesía! Así y solo así se puede vivir...

6:03 p. m.  

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