Si entras a este blog es bajo tu absoluta responsabilidad. Nadie asegura que salgas vivo... o entero. Si imaginaste que aquellas pesadillas interminables que sufrí­as de niño cuando te daba fiebre eran horrorosas, prepárate para conocer una nueva dimensión de la palabra HORROR...

miércoles, febrero 19, 2014

Médico

El viejo médico de cabecera llegó al hogar de la familia Pereira. El padre salió presuroso a abrir la puerta, para guiar al cansado profesional por los pasillos de la casa que ya había recorrido en varias ocasiones, para llegar a la habitación del hijo menor del matrimonio, en donde la madre acariciaba temerosa a su pequeño, quien hervía en fiebre y parecía estar sufriendo alucinaciones visuales, propias de su estado infeccioso. El galeno, luego de interrogar exhaustivamente a ambos padres acerca de todo lo que le había sucedido a su pequeño, abrió su pequeño maletín de cuero desde el cual sacó su termómetro de mercurio, y mientras esperaba a que el aparato le entregara una lectura precisa acerca de la temperatura real del menor, empezó a ver cómo el niño parecía estar acariciando seres invisibles sobre su piel.

El viejo facultativo cultivaba el casi perdido arte de la medicina general. Su trabajo estaba alejado de clínicas, ambulancias, salas de urgencias o consultas en edificios habilitados para dichos menesteres: su consulta eran las casas de sus pacientes, las habitaciones donde yacían los enfermos, sin maquillaje, peinado ni ropa de marca; su escritorio era el borde de la cama donde dejaba su maletín, y donde hasta a veces osaba sentarse para descansar sus cada vez menos útiles rodillas. Todo el entorno era para él información médica, y se fijaba hasta en el último detalle para tener más herramientas para dar un diagnóstico acertado, y un tratamiento adecuado que devolviera el frágil equilibrio a los sufrientes cuerpos que clamaban por su ayuda. Las familias que habían optado por sus servicios lo conocían desde siempre, pues había sido su médico de cabecera desde que tenían uso de razón, y sus padres habían llegado a él gracias al padre del doctor, quien lo había llevado por ese camino y le había legado su experiencia y sus pacientes.

El viejo médico esperó pacientemente los tres minutos necesarios para que el mercurio en el tubo de su termómetro dejara de desplazarse; en ese tiempo, el niño dejó de acariciar a los seres invisibles en el aire, y lentamente pareció tranquilizarse, hasta quedarse dormido. Luego de ver que la fiebre estaba un poco más baja que lo que la madre había medido durante la tarde, examinó con calma y dedicación al pequeño, encontrando el foco de su infección, y dejando el esquema de siete días de tratamiento para curar su mal. De todos modos los padres ya podían dormir tranquilos: la visita del médico, tal y como siempre, había logrado el mágico efecto de disminuir los síntomas y el malestar en el enfermo. No importaba quién lo consultara, cada vez que él examinaba a algún paciente, sus pesares parecían empezar a ceder de inmediato. Luego de guardar con calma sus implementos, cerrar su maletín, y cobrar sus honorarios, y de dejarle todas las indicaciones necesarias a la familia, el médico se despidió, con el compromiso de visitar al menor una semana después para comprobar su mejoría y darle el alta.

El viejo médico se sentó en el asiento de su viejo automóvil. Con cuidado abrió el maletín, para revisar que todo estuviera ahí. Luego de fijarse que nada faltara, lo volvió a cerrar; justo en ese instante un pequeño quejido se dejó oír desde el interior del continente de cuero. En cuanto lo abrió descubrió el origen del quejido: las caricias del pequeño habían irritado a una de las sanguijuelas que habitaban la dimensión paralela a la nuestra, causándole una leve erosión; la fiebre le había permitido ver a las asistentes del galeno, encargadas de absorber los espíritus malignos que causaban las enfermedades, y que habían pasado de generación en generación por su familia. Si ello volvía a suceder, era señal que el tiempo de heredar las sanguijuelas transdimensionales a su hijo estaba por llegar.      

1 Comments:

Blogger LA LOCA DE LA CASA said...

ahora se me puso retórico y un tanto barroco. Qué pasó?. Quizás por allí vaya lo "rudo".

8:43 p. m.  

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