Si entras a este blog es bajo tu absoluta responsabilidad. Nadie asegura que salgas vivo... o entero. Si imaginaste que aquellas pesadillas interminables que sufrí­as de niño cuando te daba fiebre eran horrorosas, prepárate para conocer una nueva dimensión de la palabra HORROR...

miércoles, marzo 05, 2014

Holocausto


Palo santo, incienso, mirra, romero, ruda, sándalo, canelo. Uno a uno los ingredientes eran acomodados en una bandeja metálica, mientras en un viejo lavatorio de aluminio que hacía las veces de brasero, pequeños y delgados trozos de carbón hechos con madera de espino africano empezaban a arder, para preparar el holocausto que habría de ejecutarse en cuanto la temperatura de las brasas fuera la adecuada. Media hora después, cuando ya las llamas daban paso a trozos de carbón humeantes y al rojo vivo, el contenido de la bandeja fue depositado en el mismo orden en que se encontraba en ella sobre las brasas, despidiendo casi al contacto una gran cantidad de ruidosas chispas y un extraño humo de color rojo. De inmediato el lavatorio de aluminio fue colocado en el suelo para seguir ardiendo, y frente a él se dispuso un trozo grueso de madera, como de viga, en el cual había una punta de reja vieja, con forma de punta de lanza antigua, a la cual se le había sacado filo en sus bordes. El escenario estaba dispuesto para que empezara la obra.

La alocada hija del rabino recorría rauda las calles en su pequeña motocicleta blanca. El casco rosado y el pañuelo floreado al cuello le daban un aire a comercial de perfumes o a película de cine alternativo, cosa que no distaba mucho de su realidad en la vida. La muchacha de veintiún años, que tenía prohibido volver a pisar una sinagoga mientras no dejara de lado su desordenado estilo de vida, pidiera perdón a su padre y retomara las ancestrales costumbres de su religión, vivía una vida feliz, lejos de las convenciones que venían de la mano de su apellido y de su familia. La tranquilidad que le daba el haberse desligado de las obligaciones que traía su tradición, paliaba con creces el no tener acceso al bienestar económico que venía de la mano de la fortuna de sus padres: la joven trabajaba para sí misma, y mientras ello le alcanzara para cubrir sus necesidades, seguiría aislada en su burbuja de felicidad.

Esa tarde la muchacha andaba apurada, pues había recibido un trabajo para hacer el diseño digital de la imagen que se usaría de portada en una revista de arte. Había tenido que atravesar media ciudad para hacer el contrato de trabajo, luego de lo cual le entregaron en un cedé las fotografías que debería utilizar para armar el montaje. Sin tener tiempo de almorzar, la joven debió volver a recorrer las atiborradas calles, para poder llegar a su domicilio a trabajar con calma en su computador las imágenes, y entregar un producto de calidad a su empleador, intentando satisfacerlo lo suficiente como para volver a ser llamada. En cuanto llegó al edificio dejó la motoneta medio estacionada en la calle, y subió a su departamento con el bolso en una mano y el casco en la otra.

La joven entró corriendo al departamento; justo antes de alcanzar a ver el humo rojo tropezó con un alambre dispuesto en la puerta, cayendo de bruces con su cuello sobre la vieja punta de lanza, la cual destrozó su laringe e hizo manar una gran cantidad de sangre, la que cayó de inmediato al brasero, mezclándose con las maderas sagradas y las brasas, haciendo que las llamas cambiaran instantáneamente a color blanco. Mientras la muchacha agonizaba asfixiándose y desangrándose, alcanzó a ver los característicos zapatos de su padre el rabino. El hombre miró con regocijo que el holocausto había salido tal y como los textos secretos habían predicho: ahora su apellido estaba limpio al sacrificar a su impía hija, y el demiurgo estaba satisfecho con la sangre de la judía virgen.

1 Comments:

Blogger LA LOCA DE LA CASA said...

Extraño, me perdí. Será por ignorancia? Holocausto, judio, joven mujer padre. Me resultó demasiado conceptual y no logro unir. Parece que debo estudiar más.

10:17 p. m.  

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