Si entras a este blog es bajo tu absoluta responsabilidad. Nadie asegura que salgas vivo... o entero. Si imaginaste que aquellas pesadillas interminables que sufrí­as de niño cuando te daba fiebre eran horrorosas, prepárate para conocer una nueva dimensión de la palabra HORROR...

miércoles, julio 24, 2019

Mirada

Un hombre de terno estaba parado a dos cuadras de la comisaría, en la esquina, mirando a todos quienes pasaban por el lugar. El hombre era macizo, de mediana estatura, pelo corto entrecano y mirada incisiva. Cada vez que pasaba alguien por el lugar fijaba su mirada en la mirada de quien pasara, poniendo nerviosos a casi todos los transeúntes; inclusive varios conductores que doblaban por dicha esquina se sentían intimidados al ver la mirada del hombre.

La mañana estaba extremadamente fría, pero ello no parecía alterar en nada al hombre quien no se movía del lugar en que estaba, y seguía persistentemente mirando a todos quienes pasaran a su lado. De pronto pasó por su lado una mujer joven que llevaba un coche cuna bien cubierto y de la mano a una pequeña de tres años; en cuanto la pequeña vio al hombre se acercó a él, le tomó la pierna del pantalón y empezó a tironearla para llamar su atención. La madre vio cómo la mirada del hombre se enfocaba en los ojos de la pequeña, quien de inmediato soltó el pantalón, momento que fue aprovechado por su madre para tironearla y alejarse del lugar lo antes posible, temiendo alguna mala intención del hombre de terno.

El hombre seguía parado en la esquina. En ese momento dos parejas de carabineros pasaron por el lugar, mirando al hombre quien les devolvió la mirada, impávido. Uno de los suboficiales quiso devolverse a encarar al hombre por la fría mirada que le dio, siendo detenido por un oficial que le indicó con un ademán que siguiera su marcha y no se metiera en problemas por una tontería como una mirada fría temprano en la mañana. Justo en ese instante un hombre pequeño pasó al lado del hombre de terno, quien de inmediato dirigió su mirada a los ojos de dicha persona.

Cerca de las nueve de la mañana el hombre seguía parado mirando a quien se cruzara con él. De improviso un oficial de carabineros de mirada perdida pasó por el lugar, quedando en el instante casi paralizado: el hombre de terno era idéntico a él, y el terno que usaba era la tenida con la que había llegado al trabajo esa mañana. El hombre de terno lo vio, sonrió, y lentamente avanzó para reubicarse en el cuerpo que había perdido al llegar a dos cuadras de la comisaría esa mañana, cuando un potente estruendo separó su cuerpo de su alma.