Si entras a este blog es bajo tu absoluta responsabilidad. Nadie asegura que salgas vivo... o entero. Si imaginaste que aquellas pesadillas interminables que sufrí­as de niño cuando te daba fiebre eran horrorosas, prepárate para conocer una nueva dimensión de la palabra HORROR...

miércoles, agosto 21, 2019

Empresa

La coordinadora de piso estaba colapsada esa mañana. Había llegado muy temprano en la mañana y a esa hora, una hora antes de la apertura del local, ya había filas de gente afuera esperando ansiosa para entrar y contratar el servicio ofrecido. La mujer tenía claro que en cualquier momento el sistema iba a colapsar, que no iban a dar abasto para cumplir los requerimientos de los clientes, y que ello los iba a llevar a un problema legal de repercusiones inimaginables; sin embargo, el temor real que la mujer tenía era que su personal, y elle misma, llegaran a colapsar.

Nueve de la mañana, las puertas se abrieron y una verdadera avalancha de gente inundó todos los espacios; los números del turno automático fueron arrancados en menos de cinco minutos, obligando a uno de los administrativos a cargar un nuevo rollo de números que tenía a mano, pues todos los días la dinámica era igual: gente desesperada por contratarlos a toda costa y lo antes posible para no quedarse sin el servicio. La gerencia había estimado la posibilidad de abrir la oficina los sábado por la mañana para atenuar el flujo semanal, lo que fue de plano descartado por recursos humanos, pensando en el estrés al que someterían a los empleados y la posibilidad cierta de no lograr cumplir todos los contratos.

Once de la mañana, todos los módulos de atención estaban llenos. Los teclados de los terminales bullían ingresando los datos de los clientes y la forma de pago para completar los contratos. Cada vez que algún ejecutivo terminaba el contrato y le entregaba la copia al usuario, una mirada de resignación cruzaba por la vista de ambos; en el caso del ejecutivo la mirada duraba hasta que tenía sentado frente a sí al siguiente cliente, mientras el usuario salía cabizbajo del lugar.

Doce del día. A esa hora el flujo de clientes bajaba un poco, mientras los empleados encargados de cumplir los contratos empezaban a salir del lugar a hacer su trabajo. La gente que no tenía los recursos para pagar el servicio miraban con un dejo de envidia la salida de los encargados de la empresa, a sabiendas que su dinero no alcanzaba para pagar a la empresa de asesinos encargada de matar al contratante y a toda su familia, antes que las naves extraterrestres llegaran a la tierra en un año más a esclavizar a todos los que quedaran vivos.