Si entras a este blog es bajo tu absoluta responsabilidad. Nadie asegura que salgas vivo... o entero. Si imaginaste que aquellas pesadillas interminables que sufrí­as de niño cuando te daba fiebre eran horrorosas, prepárate para conocer una nueva dimensión de la palabra HORROR...

miércoles, octubre 09, 2013

Invisible



Martina caminaba con los ojos cerrados por el medio de la avenida. Ella sabía que si caminaba con los ojos cerrados, sería invisible para quienes la rodearan.

Martina era una muchacha intranquila. Desde pequeña sus profesores en el colegio habían presionado a sus padres para que la llevaran a algún médico que le recetara pastillas para su intranquilidad; pero tanto sus padres como ella sabían que no existían pastillas para dejar de jugar, de ser curiosa, desordenada, de andar despeinada y con las rodillas con costras, de imaginar cosas que la divirtieran sin dañarla: no existen las pastillas para dejar de ser niña.

Martina escuchaba los automóviles pasando cerca de ella a alta velocidad, pese a lo cual no podía abrir los ojos, pues de inmediato se haría visible y perdería el juego, ese que había inventado cuando descubrió que cerrando los ojos era invisible. Cuando Martina tenía seis años estaba jugando en el patio de la escuela con sus amigas, y de pronto decidió cerrar sus ojos para dedicarse a escuchar todos los ruidos del patio; cuando los abrió, descubrió a sus amigas y los profesores buscándola asustados, y vio cómo una de las tías del aseo casi se desmayó al verla aparecer en el aire. Desde ese día, de vez en cuando hacía la misma broma, con la precaución de encerrarse en una sala para no asustar a nadie al aparecer.

Martina sentía cómo el viento desplazado por los autos levantaban su pelo y su falda, pero no estaba dispuesta a abrir los ojos: no quería perder el juego, ni menos aún volver a ver la realidad, al menos no en ese instante. La vida no se estaba portando bien con ella, así que prefería no ser visible para que nadie la molestara ni molestar a nadie. Su familia la había traicionado, sus amigas le habían dado la espalda, y el hombre al que amaba estaba en contra suya. De un día para otro la curiosidad, el desorden, la imaginación y los juegos dejaron de ser tolerables y entretenidos, y pasaron a ser una traba para la nueva vida que estaba empezando a vivir: ya no era una niña, era una adolescente, y debía comportarse como tal. Así, día tras día pasaba cada vez más tiempo invisible, para que sus padres no pudieran darle sus pastillas, para no ver a sus amigas que ya no le hablaban, y para no ver cómo su primer pololo se ponía del lado de sus padres, para obligarla a dejar de ser niña.

Martina se dio cuenta que el juego había terminado. Pese a estar con los ojos cerrados la gente era capaz de verla, pues escuchaba a sus padres y a su pololo a corta distancia hablarle directamente. Al parecer el mundo tenía razón, había dejado de ser niña, y con ello había perdido su maravilloso don: el de jugar a ser invisible, y creerlo con tanta fuerza como para ser capaz de convencer a todos que era verdad. Con tristeza abrió los ojos, muriendo atropellada instantáneamente al materializarse frente a un camión en medio de la carretera. Sólo un par de minutos después, sus padres y su pololo encontraron su cadáver triturado a ciento cincuenta metros de donde se escuchó el intempestivo impacto.  

1 Comments:

Blogger LA LOCA DE LA CASA said...

Ella desde su pureza descubre que ojos que no ven corazón que no siente. Manifiesto de Peter Pan. Es bastante madura para su edad...

7:45 p.m.  

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