Si entras a este blog es bajo tu absoluta responsabilidad. Nadie asegura que salgas vivo... o entero. Si imaginaste que aquellas pesadillas interminables que sufrí­as de niño cuando te daba fiebre eran horrorosas, prepárate para conocer una nueva dimensión de la palabra HORROR...

miércoles, enero 07, 2015

Barrendero

El cansado barrendero seguía empujando con desidia la basura del amplio bandejón central de la avenida, que hacía las veces de parque, y que le tocaba limpiar esa tarde, viendo a cada segundo cómo el viento levantado por los vehículos que a esa hora circulaban raudos por el lugar, devolvían el polvo y los papeles a su lugar de origen, entorpeciendo y enlenteciendo su monótono trabajo. El hombre, preso de sus malas decisiones y de un mal entorno, había conseguido a duras penas ese trabajo hacía un par de años, luego de otros dos haciendo sólo labores esporádicas escasamente remuneradas, por lo cual debía luchar día a día contra las ganas de botar todo en busca de un futuro mejor, a sabiendas que para alguien como él, ese era el techo al que podía aspirar.

Faltando poco para la hora del almuerzo, el barrendero empezó a apurarse para poder comer tranquilo. De pronto su escobillón chocó contra algo duro, que parecía ser una piedra o algo enterrado en el suelo que sobresalía y bloqueaba el libre paso de su herramienta de trabajo. Luego de evitarlo siguió barriendo, para encontrarse a los pocos metros con otra cosa dura enterrada en el suelo; cuando había llegado al octavo objeto enterrado, pese a haber cambiado de sentido al barrer en un par de oportunidades, se dio cuenta que algo extraño pasaba en ese lugar.

El barrendero venía de vuelta de su colación. Sin decir para qué, consiguió con sus compañeros de trabajo unos cuantos vasos desechables usados que les proveía la empresa, y se dirigió al lugar que estaba limpiando. Pacientemente empezó a pasar el escobillón por donde recordaba haber chocado, hasta toparse con uno de los eventos; al acercarse vio que se trataba de una especie de cilindro enclavado en la tierra, de unos cinco centímetros de diámetro, y que sobresalía los mismos cinco centímetros sobre la superficie de la tierra. De inmediato el barrendero sacó uno de los vasos desechables, y lo puso sobre el cilindro a modo de marca, para no perderlo de vista y seguir buscando el resto.

Después de cerca de media hora en el lugar, el barrendero dio con dieciséis cilindros enterrados en un radio de diez metros, formando un gran círculo en medio del parque. Sin conocer el origen o el objetivo por el cual se encontraban esos cilindros en el lugar, decidió limpiar exhaustivamente el área dentro del círculo, a ver si daba con algo que le permitiera entender su descubrimiento.  Luego de barrer casi con violencia, por si había algo enterrado superficialmente, decidió ir donde parecía estar el centro del círculo; en cuanto pasó con fuerza su escobillón, sintió algo solevantado. De inmediato el hombre dejó en el suelo su herramienta, se arrodilló, y con un viejo cuchillo que usaba para desmalezar y sacar piedras de los jardines, empezó a descubrir el décimo séptimo cilindro.

Una vez terminó de desenterrar el cilindro al centro del círculo, el barrendero se dispuso a colocar un vaso desechable sobre él, para ir en busca de su jefe y sus compañeros de trabajo para mostrarles su descubrimiento. En ese instante un pequeño temblor se dejó sentir en el lugar, al mismo tiempo en que sendas líneas luminosas parecían empezar a unir el cilindro central con los dieciséis de la periferia. Instintivamente el barrendero intentó salir del círculo; sin embargo, y sin mediar ningún ruido, una descarga luminosa manó desde toda la superficie del círculo desintegrando al obrero y proyectándose hacia el cielo, desplazando el eje de la Tierra un par de grados. A los habitantes del sistema Alfa Centauri les quedaban cuatro años y medio de vida, tal y como sus ancestros lo había decidido y planificado milenios antes.

1 Comments:

Blogger CG said...

Wow
:-)
Genial

7:08 p.m.  

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