Si entras a este blog es bajo tu absoluta responsabilidad. Nadie asegura que salgas vivo... o entero. Si imaginaste que aquellas pesadillas interminables que sufrí­as de niño cuando te daba fiebre eran horrorosas, prepárate para conocer una nueva dimensión de la palabra HORROR...

miércoles, marzo 11, 2015

Asalto

El grupo de comandos de élite tenía todo listo para ejecutar la misión encomendada. Luego de ubicar el objetivo a eliminar en el vigésimo octavo piso de una torre de oficinas localizada en pleno centro de la ciudad, los soldados decidieron escalar la torre de noche para evitar ser vistos y no causar mayor agitación en una ciudad que todavía no era alcanzada por la guerra, y cuya ubicación estratégica era apetecida por todos los bandos en conflicto. Había que trabajar en las sombras y en silencio mientras fuera posible, y así ganar posiciones derramando sólo la sangre de los involucrados.

El asustado anciano miraba sorprendido por la pared de vidrio templado del piso 28 hacia la calle. Aún no lograba entender por qué estaba en ese lugar, ni por qué debían protegerlo de un gobierno al que no conocía y quería acabar con su vida. Su existencia se había complicado de un día para otro por un comentario estúpido contra alguien poderoso, y ahora debía pagar consecuencias que a todas luces parecerían desproporcionadas para cualquiera que entendiera a cabalidad el tenor de los hechos.

Los soldados a cargo de la seguridad del anciano habían bloqueado ascensores y escaleras, dejando aislado el piso desde arriba y abajo, de modo tal de dificultar cualquier intento por asesinar a su protegido, y con un poder de fuego tal capaz de contrarrestar cualquier ataque de comandos. De pronto una serie de golpes secos en una de las paredes de vidrio llamó la atención del vetusto hombre: sólo los reflejos de uno de los guardias lo salvaron de una muerte segura.

El piloto de drones del grupo de élite era el único miembro del equipo que no participaría del asalto como tal. Instalado en la parte posterior de una SUV modificada de vidrios polarizados, era el encargado de hacer el ataque inicial tendiente a distraer y asustar al objetivo, y si la suerte se lo permitía, a llevar a cabo la parte más compleja de la misión. Luego de ubicar en la pantalla el piso en cuestión, y de lograr ver con la cámara térmica el desplazamiento esperable para un grupo de custodios, abrió fuego con la ametralladora de uno de sus drones, logrando destruir la pared de vidrio templado, dejando a la vista al guardia que tironeaba con fuerzas a un anciano de estrafalaria vestimenta: el objetivo. De inmediato el operador mantuvo estacionario el primer aparato, y con el segundo dron abrió fuego por la pared lateral del mismo piso, logrando el mismo resultado y dejando dos posibles frentes para el ataque del equipo. Justo cuando se aprestaba a intentar introducir los drones al edificio para tratar de eliminar el objetivo, dos explosiones casi simultáneas dieron cuenta de ambas máquinas, que terminaron destrozándose contra el pavimento, noventa metros más abajo.

El anciano no entendía nada. Luego de escuchar los golpes secos en el vidrio, alguien lo tomó por la ropa, y de un solo tirón lo lanzó detrás de una suerte de barricada de mesas armada justo frente a la salida del casino del piso, y cerca de los ascensores. Mientras se incorporaba adolorido, vio a dos soldados meter sendas granadas en los cargadores ubicados bajo los cañones de sus ametralladoras, disparando casi al mismo tiempo contra los aparatos que habían quebrado las paredes de vidrio del lugar. El anciano vio que el lugar quedó vulnerable por dos frentes, y pese a la molestia del encargado de su seguridad, decidió usar su experiencia para colaborar con la situación.

El grupo de comandos de élite subía a toda velocidad por una de las paredes del edificio, mientras el operador de drones preparaba un tercer aparato de mayor envergadura para atacar por el segundo flanco descubierto. Cuando faltaban cerca de seis pisos para alcanzar su objetivo, vieron volar a alta velocidad al dron cargado de ametralladoras y lanza granadas, para distraer a las fuerzas de seguridad y causar el mayor daño posible, mientras ellos llegaban para acabar la misión. Cuando estaban a un piso de llegar, descubrieron que lo que creyeron un disparate en su momento, era la única verdad de toda la escaramuza.

El anciano trabajaba a toda velocidad, ayudado por uno de los miembros de seguridad. Al sentirse culpable de todo ese alboroto, había decidido tomar cartas en el asunto y asumir su responsabilidad en la situación de asedio en que se encontraban. Al no saber nada de tecnología, debió apoyarse en su guardaespaldas para poder usar los hornos microondas disponibles en el piso, y así poner su experiencia en pos de su propia defensa, y de quienes luchaban por protegerlo. Luego de algunos minutos esos aparatos maravillosos dejaron todo listo para ejecutar su plan. De pronto el dron apareció por una de las paredes rotas, siendo atacado por los guardias, quienes descargaron todos sus proyectiles para derribar el aparato. El anciano por su parte, ayudado por su guardaespaldas, se encargó de la otra pared, pues obviamente por ahí llegarían las tropas de élite a cargo del asalto. Por culpa de su comentario estúpido el brujo de la corte lo envió mil años hacia el futuro, no sin antes convencer al rey que dejara un escrito que fuera abierto en esa fecha por su descendencia, para acabar con el anciano. Por su culpa sus descendientes debieron hacerse cargo de su seguridad, desencadenando un conflicto entre dos naciones vecinas cuyas repercusiones sólo se sabrían en otro futuro, más lejano aún. Ahora por fin podría paliar en parte, usando su experiencia en la defensa del castillo de su otrora señor, los problemas que había desencadenado. En cuanto el guardaespaldas le avisó que la tropa de comandos estaba a menos de tres metros de distancia, dejó caer sobre ellos el contenido del fondo de aluminio: cincuenta litros de aceite hirviendo, que quemaron e hicieron caer al vacío a los atacantes, tal como lo hacía mil años atrás.