Si entras a este blog es bajo tu absoluta responsabilidad. Nadie asegura que salgas vivo... o entero. Si imaginaste que aquellas pesadillas interminables que sufrí­as de niño cuando te daba fiebre eran horrorosas, prepárate para conocer una nueva dimensión de la palabra HORROR...

miércoles, agosto 23, 2017

Barbero




El viejo hombre esperaba pacientemente su turno en la barbería. Esa tarde había llevado su luenga y entrecana barba para ser recortada y arreglada un poco, y así mejorar en algo su desordenado aspecto. El hombre veía cómo el barbero, con una afilada navaja, trabajaba en la barba de quien había llegado antes que él, mejorando detalles, sacando pelos sobrantes y equilibrando la distribución del pelo para dejar el vello facial acorde a la forma de la cara y del corte de cabello del individuo. El lugar era definitivamente el adecuado para llevar su desastrosa barba y volver al hogar con un accesorio adecuado a los tiempos y las circunstancias.

El viejo hombre no había tomado ninguna revista del barbero, pues se entretenía más mirando su esmerado trabajo. De pronto el cliente deja escapar un pequeño quejido, y bajo la mano del barbero se aprecia un ínfimo hilo de sangre bajando por el cuello de quien se encontraba en el sillón; de inmediato el profesional toma una hoja de toalla de papel para secar a su cliente y contener la salida de la sangre. En ese instante a través del espejo, el viejo hombre vio que la mirada del barbero cambió intempestivamente, y una mueca de odio invadió sus facciones; luego de ello soltó la hoja de papel, y comenzó la debacle.

El viejo hombre miraba algo asustado la nueva expresión del barbero, quien se había quedado como suspendido en el tiempo, con la hoja de papel ensangrentada en el suelo y la navaja en su mano derecha. De pronto y sin decir nada el barbero tomó por la cabellera al cliente con la mano izquierda, para luego poner la navaja en su cuello y empezar a aserrar con ella, dejando un reguero de sangre por doquier y un grito ahogado que se dejó de escuchar a los pocos segundos. La ira desatada del barbero parecía incontrolable, pues pese a haber muerto al cliente seguía aserrando con la navaja su cuello, del cual manaba cada vez más y más sangre. En un momento la mano derecha del barbero pasó por completo hacia atrás, dejando la cabeza del cliente colgando por el pelo de su mano izquierda. En ese instante el barbero se dio vuelta para mirar a los ojos al viejo hombre, con la cabeza ensangrentada colgando en su mano.

El viejo hombre miraba estupefacto cómo el barbero se acercaba a él con la cabeza colgando de su mano izquierda, y con la navaja en ristre en la derecha. En ese instante acercó su mano derecha con la navaja en ella: de pronto sintió una mano moviéndolo por el hombro. El viejo hombre se había quedado dormido y el barbero lo había despertado luego de terminar de afeitar al cliente, quien ya abría la puerta del lugar para seguir su camino, con la cabeza sobre sus hombros. Todo había sido una simple y vívida pesadilla, y ahora el viejo hombre había pasado a la silla del barbero para arreglar su vieja y desordenada barba. Luego de comentarle al barbero lo que quería para su barba, miró sus ojos al espejo, viendo en ellos la misma expresión de odio que en su pesadilla.