Si entras a este blog es bajo tu absoluta responsabilidad. Nadie asegura que salgas vivo... o entero. Si imaginaste que aquellas pesadillas interminables que sufrí­as de niño cuando te daba fiebre eran horrorosas, prepárate para conocer una nueva dimensión de la palabra HORROR...

miércoles, agosto 09, 2017

Marcha

El viejo hombre caminaba lentamente por el medio de la calle a las cuatro de la mañana arrastrando una vieja espada por el pavimento. El ruido del metal contra el asfalto era ensordecedor a esa hora, haciendo que a su paso las luces de los departamentos se encendieran para tratar de ubicar el origen del sonido. A esa hora no circulaba ningún vehículo por esa avenida, por lo que la lenta marcha del hombre no se veía interrumpida por nada ni por nadie; sin embargo en su rostro no había paz sino preocupación, lo que también se manifestaba en la rudeza con la que sus pasos golpeaban el pavimento.

El viejo hombre seguía su marcha, inalterable. Ni el ruido ensordecedor ni las chispas que sacaba el metal contra el pavimento lo hacía cejar en su marcha por el medio de la calle, avanzando lenta pero constantemente hacia el poniente. Hasta ese momento nadie le había salido al paso para increparlo por la hora y el ruido que hacía, así que el viejo hombre simplemente seguía avanzando con su rumbo fijo pero sin destino aparente, pues no parecía haber algo que lo hiciera detenerse en algún instante de la noche. Para los moradores del lugar, esa parecía ser una noche en vela, sin que hubiera nada que pudieran hacer para cambiar dicho destino.

Además del ruido y las chispas, la punta metálica de la espada estaba dejando una huella imborrable en el pavimento: un surco de un par de centímetros de profundidad, que ya llevaba varios cientos de metros a lo largo de la calle, en paralelo a la línea divisoria de las pistas pintada en el suelo, y ya decolorada con el paso del tiempo. La línea era bastante recta, lo que mostraba que el viejo hombre mantenía una marcha firme pese a su edad y al peso de la espada, que debería pesar demasiado como formar el surco que tenía en la calle. Sin embargo, ello no parecía ser obstáculo para el viejo hombre, quien no cedía un ápice en su caminata por el medio de la calle a esa hora de la madrugada.

El viejo hombre seguía su marcha arrastrando su vieja espada por el pavimento, despertando a todos aquellos que vivían por donde él pasaba. De pronto a la distancia aparece frente a él otro hombre viejo, caminando por el medio de la calle, arrastrando un escudo, avanzando hacia el oriente, dejando un surco en el pavimento con la punta del escudo, y despertando a todos los que vivían alrededor de donde él pasaba a esa hora. Ninguno de los dos hombres se preocupó del otro, y cada cual siguió su cancina marcha. Cada vez ambos hombres se acercaban más y más, y algunos curiosos que habían salido despertados por el ruido veían expectantes el encuentro entre ambas personas. Ambos hombres llegaron frente a frente, sin que ninguno se inmutara: cuando llegaron a estar cabeza con cabeza, cada cual siguió caminando. Los testigos vieron cómo ambos cuerpos se fusionaban al medio de la calle en medio de un luminoso fulgor; algunos inclusive alcanzaron a ver cómo se formaba la figura de un guerrero de espada y escudo al medio de la calle para luego desaparecer sin dejar rastro alguno, salvo las marcas del metal en el pavimento.