Si entras a este blog es bajo tu absoluta responsabilidad. Nadie asegura que salgas vivo... o entero. Si imaginaste que aquellas pesadillas interminables que sufrí­as de niño cuando te daba fiebre eran horrorosas, prepárate para conocer una nueva dimensión de la palabra HORROR...

miércoles, septiembre 13, 2017

Conductor




El viejo hombre manejaba a las siete de la mañana en la oscuridad de la ciudad. Aún su vista no estaba acostumbrada al reciente cambio de horario, por lo que pese a manejar con luces debía hacerlo con cuidado para no encontrarse con alguna sorpresa en su camino. Todos los días salía de su hogar antes de las siete de la mañana para llegar a una hora prudente al trabajo, que le permitiera asegurar un buen puesto en el estacionamiento, y no tener que depender de otros conductores a la hora de salida, a la tarde.

El viejo hombre manejaba a una velocidad prudente esa mañana. De pronto ve aparecer una sombra por el bandejón central de la calle que cruza intempestivamente, obligándolo a frenar bruscamente, no sin antes tocar latamente su bocina y decir uno o dos improperios al interior de su vehículo con las ventanas cerradas. Luego de percatarse que no vinieran más vehículos tras el suyo, reinició la marcha con algo más de precaución: odiaba la mala costumbre de la gente de a pie en la ciudad de vestir ropa oscura y opaca, lo que los hacía casi invisibles para quienes manejaban a esa o a cualquier hora.

El hombre seguía conduciendo. Su vista a ratos parecía engañarlo producto del cansancio, haciéndolo ver sombras donde no había nada ni nadie. Por ello el viejo hombre había decidido manejar por la pista derecha, y así dejar pasar al resto de los conductores que andaban más rápido y que a esa hora tenían sus reflejos más activos que los suyos. Justo al llegar a una esquina una sombra más alta que lo habitual decide cruzar frente a él obligándolo nuevamente a frenar: era un ciclista que andaba sin luces ni reflectantes, y que había decidido pasar en esa esquina a esa hora y con luz roja para seguir su camino con rumbo desconocido. El viejo hombre estaba desconcertado, y ya no sabía cómo seguir manejando en esas condiciones.

El viejo hombre seguía manejando rumbo a su trabajo a las siete y media de la mañana. De improviso y de la nada una nueva sombra aparece frente a él, haciéndolo nuevamente frenar bruscamente; en esa ocasión el vehículo se detuvo, y cuando intentó hacerlo partir, no respondió. El viejo hombre se desesperó al ver la falla mecánica de su automóvil que lo tenía detenido en ese lugar, y empezó a mirar por el espejo retrovisor para cerciorarse que nadie viniera tras él; en ese instante se dio cuenta que su vehículo estaba de cabeza sobre la platabanda, que la sombra que había visto cruzarse era un árbol que había confundido mientras se había quedado dormido al volante, y que para ese instante ya estaba muerto, mirando a todos lados y esperando a saber qué venía de ahora en más para su alma.