Si entras a este blog es bajo tu absoluta responsabilidad. Nadie asegura que salgas vivo... o entero. Si imaginaste que aquellas pesadillas interminables que sufrí­as de niño cuando te daba fiebre eran horrorosas, prepárate para conocer una nueva dimensión de la palabra HORROR...

miércoles, octubre 24, 2018

Vikingo

El viejo guerrero vikingo recién había terminado de afilar su enorme hacha de batalla. La piedra de afilar estaba ya demasiado desgastada, y probablemente luego debería hacerse de otra; el trabajo eso sí había quedado perfecto, por lo que el viejo hombre decidió probarla en su cara, afeitando los laterales de su descuidada barba, y algo de su larga cabellera. Sin mucha precaución empezó a pasar la hoja por su cara, mientras veía con satisfacción los rubios vellones de cabello cayendo al suelo; de pronto un par de vellones se vieron un poco más oscuros, para luego notar en el suelo varias gotas carmesí que no le causaron mayor preocupación.

Diez minutos más tarde el viejo guerrero estaba agazapado, hacha en ristre, listo para entrar en batalla contra el pueblo que buscaban conquistar. A la señal del líder se lanzaron cerro abajo gritando desaforados; al encontrarse con los rivales se enfrascaron en una violenta refriega, lanzando golpes a diestra y siniestra para tratar de herir o matar a la mayor cantidad de rivales posibles. La afilada hacha estaba diezmando a todo aquel que se cruzaba por su filo, y el viejo guerrero sentía la sangre y los fluidos de sus rivales correr por su rostro. De pronto una sensación de clavada en su espalda empezó a avanzar hacia su abdomen; dos segundos después la punta de una espada salía por su abdomen, su boca se llenaba de sangre y su vida se escapaba por la herida. Diez segundos después su cuerpo yacía sin vida en el campo de batalla, cubriendo una enorme posa de sangre que contaminaba el agua que corría por un pequeño riachuelo en que se llevaba a cabo la batalla.

Una hora después la tribu atacada había logrado resistir la primera carga vikinga, y sus guerreros trataban de salvar a sus heridos y reponer fuerzas para la eventual próxima carga. Uno de ellos, un muchacho joven y delgado, había salvado sin heridas el primer ataque; sin embargo su cuerpo entero le dolía, y sentía morir de sed. De pronto vio el riachuelo, acercándose a tomar algo de agua fresca a un par de metros del cadáver de uno de los vikingos; en cuanto bebió el primer sobo, su mente se nubló.

El alma del vikingo estaba perdida en el campo de batalla, mirando a todos lados sin saber qué hacer. De pronto una fuerza incontrolable lo atrajo hacia un cuerpo enjuto, joven y sin heridas; al abrir los ojos se vio moreno, bajo y casi sin fuerzas. En ese instante vio su viejo cuerpo muerto y desangrado sobre el riachuelo, y notó que la sangre pasaba por donde el débil cuerpo en que estaba había bebido agua contaminada. Sin entender cómo su alma había pasado al cuerpo de un rival por su sangre; de todos modos no había tiempo que perder, rápidamente recuperó su hacha para usarla contra los guerreros de la tribu atacada cuando viniera la siguiente carga vikinga. Luego vería el modo de convencer a su gente quién era él.