Si entras a este blog es bajo tu absoluta responsabilidad. Nadie asegura que salgas vivo... o entero. Si imaginaste que aquellas pesadillas interminables que sufrí­as de niño cuando te daba fiebre eran horrorosas, prepárate para conocer una nueva dimensión de la palabra HORROR...

miércoles, abril 10, 2019

Canto

El viejo cantante interpretaba a viva voz un clásico blues. Pese al micrófono el músico cantaba a todo el volumen que su cuerpo daba, como un modo de entregar a sus oyentes parte de su alma en cada actuación. Pese a todo su técnica vocal estaba tan bien desarrollada, que era capaz de cantar veinte canciones o más a todo pulmón, lo que ya venía haciendo hace más de treinta años, acompañado de su guitarra de caja metálica (también conocida como Dobro en el medio) y de su vaso de bourbon eternamente a medio llenar. El viejo cantante era feliz con su vida, y con eso le bastaba.

Esa noche llegó a la hora de siempre al bar en que actuaba. Tal como todos los días se encerró quince minutos antes de salir al escenario a vocalizar para salir con las cuerdas vocales listas para entregar su actuación de siempre. Al intentar dar la primera nota de la primera vocalización, se quedó mudo; ello le había ocurrido un par de veces antes, por lo que se dirigió a la cocina del bar, pidió permiso con un ademán, sacó un limón y una taza de agua caliente y se lo llevó a su salita sin incomodar a nadie. Luego de preparar el brebaje y beberlo con calma, tomó su guitarra y se dispuso a seguir con su vocalización; al segundo intento, y luego que su voz siguiera inaudible, se empezó a preocupar.

Diez minutos faltaban para empezar su actuación y aún estaba mudo. Luego de probar todos los trucos del oficio para el problema y sin que ninguno resultara, decidió ir a hablar con el dueño del lugar para pedirle disculpas por no poder actuar esa noche y prometerle que estaría listo para la noche siguiente. En cuanto pudo se dirigió a su oficina, entró en ella, se sentó y empezó a hablar, sin que el dueño pareciera darse cuenta de su presencia.

Dos minutos más tarde una cocinera entró llorando a la oficina, diciendo frases ininteligibles, y haciendo que tanto el dueño como él la siguieran a toda velocidad. Los pasos de la mujer los llevaron a la sala donde calentaba la voz el viejo cantante; en ese instante el hombre vio una imagen incomprensible. En el suelo yacía su cuerpo inerte, mientras dos personas intentaban reanimarlo infructuosamente; el viejo cantante no entendía cómo podía estar parado junto a todos y a la vez botado en el suelo, muerto. De pronto una presencia apareció a su lado, acercó la boca a su oído y le susurró lo que había sucedido: el viejo cantante había entregado por completo su alma al cantar como cantaba, su impulso vital se había acabado, y ahora debería esperar hasta recuperar algo de su esencia para seguir su camino al más allá.