Si entras a este blog es bajo tu absoluta responsabilidad. Nadie asegura que salgas vivo... o entero. Si imaginaste que aquellas pesadillas interminables que sufrí­as de niño cuando te daba fiebre eran horrorosas, prepárate para conocer una nueva dimensión de la palabra HORROR...

miércoles, abril 03, 2019

Pierna

La pierna izquierda le dolía intensamente. Hacía un mes que tenía un dolor quemante en su pierna izquierda que no quería pasarse solo. La mujer se miraba la pierna todos los días a ver si aparecía algún cambio de color, la aparición de alguna masa o de várices que hicieran comprensible lo que estaba sintiendo, pero nada de ello había ocurrido. La pierna izquierda le dolía sin motivo aparente, y al parecer el dolor no se iba a desaparecer hasta que se hiciera ver.

Esa tarde el dolor era insoportable, tanto así que se puso a llorar en la oficina; en cuanto su jefe la vio, y se percató que no había nada visible que explicara el dolor, decidió enviar a la mujer a un servicio de urgencias para que alguien la ayudara con su predicamento. En media hora la mujer estaba en la sala de espera de la urgencia; dos horas después fue pasada al sector de atención, donde una joven doctora le preguntó qué le pasaba, la examinó, y al no encontrar nada, empezó a pedir varios exámenes de imágenes y de sangre que seguramente arrojarían la causa del dolor y daría luces de la solución del problema.

Dos horas más tarde la mujer seguía en la urgencia. De pronto apareció la joven doctora con un colega mayor, y entre ambos le explicaron que ningún examen había arrojado nada, y que la dejarían hospitalizada para seguir haciendo exámenes al día siguiente. La paciente se negó pues no podía dejar a su familia sola, y luego de una breve discusión con los médicos firmó su ficha y se retiró por sus medios, con el mismo dolor insoportable, pues ninguno de los fármacos endovenosos le había hecho efecto.

La mujer se acostó esa noche asustada. Mientras intentaba conciliar el sueño pensaba en la necesidad de haberse quedado en la clínica para hacerse los estudios y aclarar de una vez por todas el por qué de su dolor. Luego de una hora pensando logró quedarse dormida con el mismo dolor continuo en su pierna izquierda. Esa noche fue la peor de todas, pues el dolor la despertaba a cada rato. De pronto y de la nada el dolor desapareció, y por fin logró quedarse profundamente dormida.

A la mañana siguiente el despertador despertó a la mujer, quien no entendía qué pasaba, pues ya no tenía el dolor que la había acompañado durante un mes que le había parecido eterno. Esbozando una gran sonrisa la mujer se sentó en la cama y destapó sus piernas: en ese instante vio con horror que una tercera pierna había salido de su muslo izquierdo, que podía mover a su voluntad y que ya no dolía.