Si entras a este blog es bajo tu absoluta responsabilidad. Nadie asegura que salgas vivo... o entero. Si imaginaste que aquellas pesadillas interminables que sufrí­as de niño cuando te daba fiebre eran horrorosas, prepárate para conocer una nueva dimensión de la palabra HORROR...

miércoles, noviembre 20, 2019

Lluvia

La anciana miraba caer la lluvia por la ventana. Desde chica le había atraído la lluvia, pues sabía que era un regalo de dios a los hombres de la tierra. La anciana se había criado en un hogar católico que le había enseñado que la verdadera fuente del conocimiento del hombre era la biblia, y que pese a todo lo que pudiera escuchar en su vida nunca debería olvidar dicho precepto. Así, la mujer vivió una vida alejada de los avances del conocimiento y centrando su vida en las reglas dictadas por dios a los hombres en su libro sagrado.

La mujer miraba hacia el patio interior de su casa por la ventana, y veía cómo se formaban posas en la tierra. La mujer recordaba su lejana infancia cuando salía al patio con lluvia y saltaba sobre las posas salpicando todo a su alrededor partiendo por su ropa y sus zapatos; luego aparecía su madre quien la regañaba para luego quitarle la ropa embarrada, bañarla y acostarla para evitar que se resfriara. Luego la mujer recordaba cuando le tocaba ir al colegio bajo la lluvia, pues su madre le enseñó de pequeña que “los niños no eran de azúcar” por lo que no se deshacían con la lluvia, por lo que el clima no era motivo para faltar al colegio. Así, salvo eventos particulares, su asistencia al colegio era perfecta.

La lluvia arreciaba a esa hora en el patio de la anciana. La mujer recordaba cuando trabajaba de operaria en una industria para ayudar a criar a sus hijos en una época de estancamiento económico; en ese período de la vida la lluvia ya no le gustaba tanto, pues eran sus hijos quienes se embarraban y ella quien debía secarlos y bañarlos. El frío y la humedad perjudicaban su salud, y eso llevó a que casi la echaran por inasistencias al trabajo; sólo una sincera conversación de católica a católica con su jefa salvó su puesto de trabajo.

La anciana continuaba mirando la lluvia. De pronto sintió algo de frío y decidió ir a acostarse, mientras veía por la ventana cómo la lluvia no paraba de caer. En algún momento quiso intentar abrir la puerta para salir a sentir la lluvia sobre su rostro pero recordó que estaba trabada, y que su hijo mayor había sido incapaz de destrabarla. A algunos kilómetros de distancia su hijo miraba por cámaras las acciones de su madre; cuando la anciana se acostó y apagó la luz, el hombre pudo desactivar el software que hacía ver lluvia en el patio de la casa que se proyectaba en las ventanas del departamento de su madre, ubicado en el piso quince de una céntrica torre de edificios adaptados para el cuidado de adultos mayores.