Si entras a este blog es bajo tu absoluta responsabilidad. Nadie asegura que salgas vivo... o entero. Si imaginaste que aquellas pesadillas interminables que sufrí­as de niño cuando te daba fiebre eran horrorosas, prepárate para conocer una nueva dimensión de la palabra HORROR...

miércoles, abril 01, 2020

Loca

Todos en el lugar dicen que está loca; es comprensible si eres paciente en un hospital psiquiátrico. La muchacha estaba sentada en una silla, vestida con ropa de calle, en consulta con una siquiatra a la que todos trataban de “señorita”, pues obviamente una mujer no podía ser médico en un mundo de hombres. La muchacha miraba en silencio a la doctora, quien le decía que todo lo que había creído vivir hasta ese instante había sido creado por su mente perturbada, que lo que ella creía que había sido su vida sólo lo había vivido dentro de su cerebro; en suma, que su realidad nunca había existido.

La muchacha miraba por la ventana hacia afuera. La doctora le preguntaba cosas, a las que la muchacha respondía automáticamente, casi todo con el mismo “sí”. Luego de cada respuesta la doctora le retrucaba su respuesta, intentando demostrarle que toda su vida era una mentira. Cuando la muchacha le dijo que sabía manejar, la doctora le respondió que no era así, que sólo se sentaba en el asiento del conductor de un viejo auto de su padre y que con la boca hacía el ruido del motor; cuando la muchacha dijo que trabajaba, la doctora le respondió que ella no salía de la casa, que sus padres la mantenían. Cuando la muchacha dijo que tenía pareja, la doctora le mostró la foto de una revista, y le dijo que su novio era un actor norteamericano que nunca había viajado a Chile.

La muchacha miraba a los ojos a la doctora, pero no estaba concentrada en ella; de hecho miraba levemente por sobre su hombro, a una polilla que se había posado sobre su blusa. La doctora le decía que necesitaba cambio de medicamentos, aumento de dosis, y agregar un par de calmantes más. La doctora le decía que cambiarían de terapeuta y de sicóloga, porque las que tenía no habían logrado avances con ella. La doctora le decía que debería mantenerla internada, por su seguridad y la de su familia, que todo estaría bien, y que con el paso de los meses ella lograría devolverla a la normalidad y al mundo real. La muchacha ahora miraba a los ojos a la polilla.

Doce de la noche. Hacía ya siete horas que la doctora se había ido. La muchacha había cenado, se había tomado sus medicamentos de la noche, y estaba acostada en su cama en silencio. La muchacha escuchaba concentrada a que las paramédicos hubieran hecho su última ronda, y se hubieran ido a dormir. A la distancia escuchaba apenas un par de voces cuchicheando, y el resto era sólo silencio. Había llegado el momento como cada noche de desmaterializarse y aparecer en Nueva York, a su vida, su trabajo, su auto y novio actor de cine.