Si entras a este blog es bajo tu absoluta responsabilidad. Nadie asegura que salgas vivo... o entero. Si imaginaste que aquellas pesadillas interminables que sufrí­as de niño cuando te daba fiebre eran horrorosas, prepárate para conocer una nueva dimensión de la palabra HORROR...

sábado, octubre 24, 2020

Anciano

El anciano miraba con dificultad la pantalla de su computador. El hombre había aprendido a su tercera edad acerca de los computadores, y pese a llevar varios años manipulando uno, sus conocimientos eran mínimos y no avanzaban nada. Su nieto mayor le había regalado uno para estar más en contacto con él y para que se comunicara con la familia; sin embargo el anciano apenas había entendido lo que era un correo electrónico y usaba esa vía para comunicarse sólo con su nieto, pues era la única dirección que tenía grabada en su agenda.

El anciano se levantó temprano esa mañana. Luego de bañarse, vestirse y desayunar quedó desocupado. Una hora más tarde estaba sentado frente al computador, leyendo las instrucciones que le había dejado su nieto para encenderlo y entrar a su correo electrónico. Una vez logró entrar, vio que en su bandeja de entrada había sólo un correo sin leer, y que no era de su nieto. El joven le había enseñado de unos correos de un nombre que no lograba recordar, que gente malvada utilizaba para robar; el anciano miró la pantalla y se decidió a abrir el correo. Mal que mal el anciano tenía una cuenta vista en el banco para recibir su exigua pensión, la que no estaba digitalizada, por lo que según él entendía nada le podía pasar. El anciano abrió el correo, se colocó sus lentes y leyó el contenido; al terminar el anciano se puso de pie y comenzó a ordenar unos papeles.

El anciano seguía ordenando documentos. Con un grueso plumón escribía en hojas tamaño carta instrucciones que luego adosaba a algunos documentos con un par de clips metálicos. El hombre luego sacó una vieja libreta de ahorros, la revisó, escribió dos cifras y dos nombres; finalmente tomó todos los documentos y los dejó ordenados encima de la mesa. El anciano miró el reloj algo nervioso; al ver la hora se dirigió raudo a buscar un monedero del cual sacó dos monedas, para luego ir a su dormitorio y cerrar la puerta por dentro.

El nieto del anciano estaba preocupado, pues hacía tres días que su abuelo no le contestaba los mail. El joven lo había llamado cerca de diez veces al teléfono de red fija, sin obtener respuesta. Esa tarde el joven fue al departamento del anciano y usando una copia de llaves que su mismo abuelo le había entregado, entró al lugar. De inmediato encontró en la mesa del comedor una cantidad de documentos con cifras e instrucciones de uso de dineros; un escalofrío lo recorrió cuando vio que uno de los itemes era el pago de servicios fúnebres. El joven entró al dormitorio; en la cama estaba el cuerpo sin vida del anciano con una sonrisa en el rostro, y una moneda cubriendo cada uno de sus ojos. Luego de llorar al ver a su querido abuelo muerto y de avisar por teléfono al resto de la familia, el joven notó que el computador estaba encendido y en modo hibernación. Al activarlo apareció en la pantalla un extraño mail que decía escuetamente: “Hoy a mediodía iré por ti para que viajes conmigo. No olvides llevar el pago. Caronte”