Si entras a este blog es bajo tu absoluta responsabilidad. Nadie asegura que salgas vivo... o entero. Si imaginaste que aquellas pesadillas interminables que sufrí­as de niño cuando te daba fiebre eran horrorosas, prepárate para conocer una nueva dimensión de la palabra HORROR...

viernes, enero 01, 2021

Hallazgo

 El arqueólogo estaba sentado en su escritorio, tratando de entender lo que había descubierto. Frente a él decenas de pruebas de laboratorio, análisis de carbono catorce, informes de expertos, estudios químicos, físicos, geológicos, decenas de horas de grabaciones de audio y video con audio. Todo era concluyente, pero sin embargo ese hallazgo era imposible de entender, ni menos de ser presentado a la comunidad de estudiosos o de legos.

Tres meses atrás el arqueólogo estaba en terreno, en Egipto, específicamente en el Valle de Los Reyes, en una tumba recién descubierta, que estaba ricamente ornamentada, que no había sido saqueada por lo que guardaba todas las cosas dejadas a su dueño para llevar al más allá. Según el análisis a priori del sarcófago y los jeroglíficos, la tumba debería tener unos cuatro mil años. Los trabajadores estaban encargados de buscar cuidadosamente entre la tierra los diversos objetos dejados para acompañar el viaje del sepultado, del cual aún no sabían su nombre ni un título nobiliario. Todo se hacía lentamente y con muchas precauciones para evitar dañar lo que hubiera en el lugar.

Uno de los trabajadores metía con suavidad su pala en la tierra; de pronto dio con un material menos duro que la piedra y el metal, y algo más elástico que el cuero. Luego de llamar al arqueólogo delimitaron el sitio y empezaron a remover el material que cubría y rodeaba el hallazgo: el objeto medía treinta centímetros de alto, treinta centímetros de largo y doce centímetros de ancho, tenía forma de una ele gruesa y una inscripción grabada a ambos lados. Al retirar la tierra sobrante el arqueólogo y los trabajadores quedaron estupefactos. De inmediato se dio la orden de cerrar el sitio y cancelar la excavación. Desde ese momento todos los recursos se destinaron a descubrir el origen de ese artefacto.

Luego de tres meses de análisis el arqueólogo tenía sobre su mesa todas las pruebas necesarias. La datación de carbono catorce efectivamente daba una antigüedad de cuatro mil años. Los informes químicos y físicos eran concluyentes y todos llegaban a la misma conclusión. Los estudios geológicos demostraban que la tierra que rodeaba al objeto era la misma que la del resto del sitio. El asunto era cómo explicarle a la comunidad científica que en una tumba de cuatro mil años de antigüedad había una bota moderna de material sintético que tenía inscrito el nombre NASA a ambos lados del objeto.