La
secretaria casi no podía aguantar el sueño esa mañana. La noche
anterior su hijo de cinco años estuvo con fiebre por lo que ella no
pudo dormir para cuidarlo y fijarse que nada malo le pasara. Al
llegar el alba el pequeño estaba profundamente dormido, ya sin
fiebre, y ella sin haber descansado absolutamente nada. La mujer no
sabía cómo podría manejar con ese cansancio, pero no le quedaba
otra, pues vivía lejos del trabajo, irse en bus no era alternativa y
un taxi le costaría la mitad del sueldo. Como pudo llegó manejando
al trabajo, luego de lo cual el cansancio la arrolló y la dejó casi
como una inútil en su puesto de trabajo. A las diez de la mañana
su cerebro no pudo más, y se quedó profundamente dormida.
La
mujer se puso a soñar. En el sueño se veía en la misma oficina en
que estaba, trabajando, cuando de pronto entraba un muchacho joven,
muy prepotente, gritando a diestra y siniestra. Al llegar a su
oficina empezó a insultar a la mujer: ésta, al darse cuenta que
estaba soñando, empezó a responderle improperios al muchacho quien
no podia creer que una secretaria lo tratara así. El joven salió
enfurecido de la oficina volviendo a los dos minutos con su jefe
quien también la insultó, siendo recibido con otra andanada de
insultos por parte de la secretaria. El jefe se descontroló, tomó
un cenicero de cerámica y se lo lanzó a la cabeza: la mujer lo
evitó, lo recogió, y a sabiendas que era un sueño se puso de pie y
lo golpeó con el artefacto en medio de la frente. En ese momento la
mujer despertó descansada y muerta de la risa.
Veinte
minutos más tarde su jefe la llamó para coordinar una reunión con
ejecutivos extranjeros de visita en el país: grande fue su sorpresa
al ver a su jefe con la frente sangrando. La mujer asustada le
preguntó qu´le había pasado, a lo que su jefe contestó que se
había resbalado y había golpeado su frente contra un cenicero que
estaba en el escritorio. La mujer estaba casi congelada: al terminar
la coordinación de la reunión volvió a su ofician quedándose
nuevamente dormida, pese a ya no estar cansada.
La
mujer volvió al mismo sueño. En él, el joven que la insultó al
principio, al ver a su jefe herido, la tomó por el cuello y metió
su cara en una fuente de agua hasta ahogarla. En ese momento la
secretaria despertó, y se encontró con una escena inentendible: se
había quedado dormida en el escritorio, su cara cayó sobre el
depósito de agua de una fuente de agua eléctrica, muriendo ahogada,
y ahora estaba fuera de su cuerpo sin entender bien lo que estaba
sucediendo. De pronto miró a su lado; el joven que la insultaba en
su sueño estaba de pie a su lado vestido completo de blanco, y con
una especie de luminosidad que irradiaba de todo su cuerpo.