Si entras a este blog es bajo tu absoluta responsabilidad. Nadie asegura que salgas vivo... o entero. Si imaginaste que aquellas pesadillas interminables que sufrí­as de niño cuando te daba fiebre eran horrorosas, prepárate para conocer una nueva dimensión de la palabra HORROR...

domingo, agosto 02, 2026

Trote

La mujer trotaba tranquila esa madrugada antes de ir al trabajo. Desde hacía ya treinta años que salía a trotar todas las mañanas a las cinco de la mañana, para llegar a su casa a las seis a bañarse e irse al trabajo. Todas sus compañeras en la oficina le decían que estaba loca para madrugar sólo para ir a trotar, pero a su vez envidiaban su figura pues luego de tres embarazos seguía viéndose con un cuerpo de mujer joven, soltera y sin hijos. El trote le servía, además de mantener una buena calidad de vida en lo físico, para liberar tensiones y mantener su mente y su alma en paz.

La mujer trotaba todas las mañanas diez kilómetros; según su reloj inteligente y su teléfono, ya iba en el kilómetro siete, por lo que le quedaban cerca de dieciocho minutos para llegar a bañarse. De pronto al doblar una esquina vio a alguien trotando tras ella, vestido completamente de negro; la mujer se preocupó un poco pues ya conocía a todos quienes salían a correr a esa hora, y todos acostumbraban por seguridad a usar ropa de colores fosforescentes y con reflectantes. Sin embargo dos corredores que ella conocía la adelantaron y como no le dijeron nada, se quedó tranquila.

Ocho kilómetros marcaba el reloj. La mujer seguía trotando a tranco firme por el recorrido de costumbre, y cada cierto tiempo miraba hacia atrás y seguía viendo al corredor de negro tras ella, a la misma distancia de siempre. La mujer seguía nerviosa, pero sabía que no podía aumentar la velocidad pues las piernas no le darían para huir de su perseguidor. La mujer ya estaba empezando a entrar en pánico, por lo que tomó una decisión peligrosa, pero la única que en ese momento se le ocurrió: al llegar al kilómetro nueve, y justo antes de cruzar una avenida principal, la mujer se detuvo, se dio vuelta, y esperó al hombre de negro. En ese momento sintió cómo su alma casi abandonaba su cuerpo.

Al momento de detenerse el semáforo estaba en verde. Al darse vuelta para encarar a su perseguidor, un vehículo pasó a alta velocidad sin respetar la luz roja, y diez metros más allá quedó incrustado en una muralla sin siquiera intentar frenar. Ella, y los pocos transeúntes que había en la calle se acercaron al vehículo sólo para ver que el conductor estaba muerto, con una botella de whisky a medio vaciar en su mano derecha. La mujer se dio cuenta que si no se hubiera detenido para encarar al corredor de negro hubiera muerto atropellada por el conductor ebrio un par de segundos antes. La mujer volvió a darse vuelta, y vio al corredor acercarse al lugar; a cada metro que avanzaba su paso se hacía más lento, y su ropa deportiva se alargaba, hasta convertirse en una sotana negra que llegaba hasta el piso. Diez metros antes de llegar al lugar, una vara larga de madera apareció en su mano derecha, de cuyo extremo se hizo visible una larga y curva hoja de acero reluciente. Al llegar al lado de ella vio que su rostro era una calavera: al mirarla, sintió que los huesos de la cara de la Muerte le sonreían con complicidad.

domingo, julio 26, 2026

Futuro

El revólver Colt calibre .45 cargado encima de la mesa. Un pedazo de manga plástica adherido a la muralla con cinta de embalaje. Una alfombra de plástico en el piso. Paredes cubiertas de bandejas de huevo para aislar el ruido. Un parlante con música estridente. Todo estaba listo y perfectamente planificado, sólo bastaba encender el parlante, sentarse en la silla detrás de la manga plástica y sobre la alfombra de plástico, amartillar el revólver, colocar el cañón bajo el mentón y jalar el gatillo. La vida ya se había ensañado con el ejecutivo bancario, y había llegado la hora de resetearla por medio de una bala en su cerebro.

El ejecutivo llevaba una vida horrenda, odiaba su trabajo, odiaba trabajar con empresarios miradores en menos que siempre lo vapuleaban y lo acusaban con el gerente cuando no obtenían lo que querían. Odiaba a su jefe que lo reprendía frente a los clientes, mientras antes él había puesto las restricciones a los créditos que más tarde él mismo aprobaba contraviniendo sus propias instrucciones. Odiaba a sus compañeros de trabajo quienes también luchaban por quitarle sus clientes y avergonzarlo en público. Odiaba a su esposa, mujer arribista que compraba todas las marcas más caras en todo orden de cosas, para poder lucirlas ante sus amigas y desecharlas en menos de un semestre para volver a comprar cosas nuevas de otras marcas. Odiaba a sus hijos, que sólo s dedicaban a jugar juegos en línea descuidando sus estudios; de hecho odiaba hasta al perro, que cada vez que podía lo mordía y orinaba sus pantuflas.

El hombre jugaba con el revólver en su mano derecha. En ese momento se vino a su mente el momento en que su vida se fue al tacho de la basura: cuando tenía seis años, una niña muy odiosa lo acosaba permanentemente. En su casa el niño había aprendido que no debía reaccionar mal, y menos con las mujeres; sun embargo el nivel de acoso era tal que ya desbordaba sus límites. Un día cualquiera en un recreo la niña se acercó por detrás y lo tomó violentamente por el pelo empezando a tirarlo y a sacudir su cabeza generándole un dolor insoportable y una rabia sin comparación. El niño se dio vuelta, le dio una bofetada a la niña, y luego clavó un lápiz grafito en su ojo derecho. La niña perdió el ojo, el niño fue denunciado, internado un tiempo en un centro infantil, y luego empezó el peregrinar por decenas de psicólogos que daban distintos diagnósticos y soluciones que no cambiaban su visión de la vida. Al cumplir dieciocho años se fue de la casa, empezó a trabajar en lo que fuera hasta que logró hacer una carrera técnica para entrar de cajero a un banco. Conoció a otra cajera, la embarazó, se casó, y su vida empezó a caer al pozo en que se encontraba en ese momento. La salida era una, y estaba en su mano.

El hombre se sentó en la silla, decidido. Amartilló el arma, puso el cañón bajo su mentón y jaló el gatillo. La aguja del martillo golpeó el fulminante que encendió la pólvora, la cual explotó y lanzó el proyectil por el cañón para que hiciera el eterno recorrido de doce centímetros hacia su cabeza. En ese momento despertó en aquel segundo a los seis años, en que la niña odiosa tiraba de su pelo y su cabeza. El niño abofeteó a la niña, la tomó por el pelo y la llevó tirando donde estaba el inspector para acusarla. La vida le dio la oportunidad de cambiar su futuro, y no la perdería.

domingo, julio 19, 2026

Cigarrillo

El novelista se había levantado temprano esa mañana. La editorial lo estaba apurando con el último proyecto por lo que tenía que trabajar seria y rápidamente para entregar avances y demostrar que la publicación estaría en los plazos acordados. Esa mañana debería avanzar en la parte de ficción de la novela, pues a la tarde tendría que ir a una biblioteca pública a buscar antecedentes, pues en internet no estaba la información específica que necesitaba para darle el entorno de realidad que caracterizaba a sus libros. Luego de desayunar encendió el computador, se sirvió una taza de café muy cargado y encendió el primer cigarrillo de la mañana, esperando que las dos cajetillas compradas le alcanzaran para la jornada.

Dos minutos más tarde el escritor tomó el cigarrillo para darle la segunda aspirada; sin embargo, ya estaba consumido. El escritor miró con extrañeza lo poco que había durado, pues a veces los dejaba en el cenicero y se consumían solos, pero ello demoraba al menos diez minutos. Sin pensarlo mucho encendió el segundo, aspiró una vez y lo dejó en el cenicero; luego de terminar el párrafo que estaba escribiendo lo volvió a tomar, y nuevamente estaba consumido. El hombre miró su reloj: habían pasado tres minutos desde que lo encendió. El escritor estaba confundido, y necesitaba saber qué estaba pasando.

El hombre encendió el tercer cigarrillo, apenas lo aspiró para que encendiera bien y lo dejó en el cenicero, y se quedó mirándolo. El escritor vio con curiosidad que la zona encendida parecía tomar más color, como si alguien estuviera aspirando el cigarrillo, el cual se consumió en cuatro minutos. El hombre no entendía qué pasaba; repitió el ensayo con tres cigarrillos más, resultando exactamente lo mismo; de inmediato cerró el archivo de la novela, abrió el buscador de internet a ver qué encontraba. Dentro de las posibilidades aparecían fantasmas, fenómenos ambientales, pero una respuesta llamó su atención: entidades.

A media mañana el escritor no había avanzado nada de su proyecto, pero había descubierto una realidad desconocida para él: la existencia de cultos que se basaban en la presencia de entidades, almas desencarnadas que se comunicaban con los vivos por medios físicos llamados ofrendas, donde el tabaco llevaba la delantera dentro de lo más utilizado para comunicación. El escritor no entendía por qué le estaba pasando eso, cuando de pronto recordó que habia ido a ver a una tía abuela a un hogar de ancianos, y que antes de irse la señora le había pasado una estampita para protección. El hombre fue al closet, revisó el bolsillo de,la chaqueta, sacó la estampita y vio con horror un esqueleto con capucha negra y una guadaña en la mano.

A la mañana siguiente el escritor se volvió a levantar temprano. Terminado de desayunar encendió el computador, y puso dos ceniceros: uno para él y otro para la Santa Muerte, cuya estampita colocó en el escritorio acompañado de un vaso corto de tequila. Tanto el cigarrillo como el licor empezaron a consumirse a vista y paciencia del escritor. Ahora esperaba que sus dos cajetillas y las seis de la Santa le alcanzaran para su jornada de trabajo.

domingo, julio 12, 2026

Audífonos

El muchacho caminaba feliz por la calle. Hacía ya un mes que su madre le había regalado audífonos con cancelación de ruido, y desde ese momento su percepción de la realidad había cambiado por completo. El chico podía caminar por la calle sin escuchar en su real intensidad gritos, bocinazos, ruidos de motores; ahora todo sonaba atenuado y era la música lo que realmente llenaba su ambiente. El mundo se había convertido en un lugar un poco más feliz desde el día del regalo, y eso se lo agradecería por siempre a su progenitora.

El adolescente era centrado y cuidadoso con sus cosas, sabía que no podía usar los audífonos en clases, y para evitar molestias de sus compañeros y amigos simplemente no los usaba en el colegio. Así, su tranquilidad empezaba al salir de clases y duraba hasta que se acostaba; de todos modos, y por respeto a su madre, en casa usaba una cancelación parcial para no perder la comunicación en el hogar. Sin embargo su madre también respetaba sus espacios, por lo que no estaba todo el tiempo hablándole ni interrumpiendo su tiempo libre, lo que le daba la libertad al muchacho de disfrutar al máximo su adolescencia.

Esa tarde de viernes el muchacho había llegado temprano del colegio, tomó once con su madre y su hermano menor, jugó bastante rato con su perro, un mestizo que quiso ser pastor alemán pero no lo logró pese a su esfuerzo, luego de lo cual se fue al dormitorio. Antes de subir al segundo piso su madre le preguntó si no saldría esa tarde con amigos a jugar a alguna casa, a lo que el muchacho respondió que no, que esa noche jugarían en línea; la mujer no entendía mucho pero la dejó contenta el saber que esa noche su hijo no saldría, pues ella andaba con un extraño presentimiento. Una hora más tarde diez amigos estaban jugando en línea el juego de moda, todos con una botella de bebida y una bolsa de papas fritas visibles en pantalla. De pronto, y por encima de la cancelación de ruido de los audífonos, el muchacho escuchó algo, le avisó a sus compañeros de juego y salió de la habitación, dejando la puerta abierta y los audífonos con micrófono conectados. Uno de los muchachos escribió por el chat que guardaran silencio a ver qué pasaba, para luego molestar al adolescente.

Nueve muchachos escucharon pasos bajando la escalera. Nueve muchachos escucharon una voz de mujer quejándose y llamando al parecer al hermano del adolescente. Los mismos nueve muchachos escucharon el grito desgarrador de su amigo, luego de lo cual se dejó sentir un ruido sordo, un fuerte golpe en el piso, otro ruido sordo, y luego sonido de desconexión y reconexión de los audífonos. Un minuto después, y luego de escuchar de nuevo pasos en la escalera, una imagen abrió la puerta, vestido completo de negro y con un arma en la mano. Los adolescentes vieron cómo el tipo manipulaba el computador para conseguir todas las direcciones IP de los conectados. Antes de salir miró a la cámara, y pasó su dedo pulgar levantado por delante de su cuello.

domingo, julio 05, 2026

Secretaria

La secretaria estaba indignada. Esa mañana había llegado temprano al trabajo pues su jefe le pidió un informe contable del primer semestre para presentar a gerencia, pese a que la noche anterior apenas pudo dormir pues su ex novio se había suicidado, y su whatsapp estaba lleno de mensajes y recriminaciones que le impidieron descansar adecuadamente. Cerca de las once de la mañana envió por mail el texto a su jefe para que lo revisara, siendo deviuelto a los cinco minutos pues estaba lleno de inconsistencias, faltas de ortografía y errores gramaticales que lo hacían impresentable. La mujer miró el texto, le encontró toda la razón a su jefe, lo eliminó y empezó a redactar desde cero.

La secretaria llevaba once años trabajando en la empresa, de los cuales diez había estado con su ex novio. La relación era buena pero ella siempre aspiraba a más; en el trabajo se hizo amiga de un compañero que estaba estudiando una especialización, la amistad pasó a amor, terminó acostándose con su amigo luego de lo cual le avisó a su novio lo sucedido terminando la relación de un día para otro. El joven no aguantó la pena y dos días después del término de la relación se lanzó al vacío desde un piso veinte: por ello los amigos en común la culpaban a ella de la decisión del joven, lo cual tenía a la mujer con un dolor de cuello insoportable desde que se había levantado esa mañana. Luego de silenciar el whatsapp para poder concentrarse, empezó a reescribir el informe. En ese momento una mujer muy joven de la empresa de aseo entró a vaciar el papelero: veinte segundos más tarde la secretaria la miró por el tiempo que se demoraba, descubriendo que la muchacha estaba tiesa y pálida mirándola.

La secretaria empezó a interrogar a la muchacha. Esta le dijo que ella venía de un linaje de brujos, pero como nadie le creía no hablaba del tema. La secretaria le dijo que hablara, que al final ella juzgaría; la muchacha entonces le dijo que el alma de su ex estaba con ella, puntualmente encaramada en su cuello, y que él hacía que ella se equivocara al escribir. La mujer la miró incrédula, pero le dijo que si tenía alguna evidencia le pagaría por su ayuda. La muchacha sacó su celular, le tomó una foto a la mujer y se la mostró: en ella sólo aparecía la imagen de la mujer sentada. Luego la muchacha entró a los filtros fotográficos, cambió contraste y luminosidad, luego de lo cual apareció una nube de la estatura de su ex novio sobre su cuello y colgando hasta su cintura. La secretaria fue al baño, vomitó, y le dijo a su jefe que estaba enferma, que necesitaba irse a su casa, y que la chica del aseo la llevaría. La secretaria tomó de la mano a la muchacha, le pasó una cantidad considerable de billetes, y le dijo que tenía hasta la mañana siguiente para sacarle el alma de los hombros. La muchacha le devolvió el dinero, y le dijo que eso era imposible, que esa alma la acompañaría en sus hombros hasta el final de su vida. La mujer en ese momento miró la ventana más cercana que tenía, y empezó a pensar qué hacer.

lunes, junio 29, 2026

Perro

El perro callejero caminaba feliz esa mañana por la calle. La noche anterior había comido bien gracias a la dueña de un local de comida rápida que botó una gran cantidad de hamburguesas que estaban por vencer a la calle, cosa que él y varios de sus compañeros de camino aprovecharon para saciar el hambre de días; luego de ello se acercó a una plaza donde un grupo de vagabundos estaban agrupados alrededor de una improvisada fogata, dejándolo a él incorporarse al grupo. Una vez se quedó dormido, uno de los sin casa lo cubrió con una caja de cartón abierta permitiéndole dormir más caliente que otras noches.

Llegado el mediodía el perro aún no había encontrado comida. Esa fría mañana no había encontrado sobras ni nadie le había regalado nada, por lo que empezó a preocuparse al sentir su abdomen sonando; pese a ello seguía feliz sin saber por qué. De pronto, de la nada y por todos lados se escuchó un estruendo terrible que lo puso de inmediato en guardia esperando lo que fuera que tenía que pasar. La mayoría de los perros callejeros se pusieron en guardia, en espera de ver qué estaba pasando: pasados quince minutos nada había cambiado, por lo que junto al resto de los perros de la ciudad volvieron a su trabajo de esa hora que era sobrevivir.

El perro caminaba por la calle buscando lo que fuera para comer. De pronto empezó a ver a los humanos moviéndose extraño, caminando lento, como si les pesaran las piernas; sus rostros también se veían extraños, empezando a presentar conductas agresivas entre ellos. El perro se dio cuenta además de otro cambio mayúsculo; ningún humano estaba agresivo con los animales callejeros sino sólo entre ellos. El animal, dentro de su preocupación por comida, no entendía lo que estaba pasando, pero ahora tenía algo menos a qué temer, al menos por un tiempo.

El perro se dirigió al local donde había comido la noche anterior encontrándolo abierto y sin humanos. Lentamente se acercó a un mesón donde había hamburguesas, algunas preparadas y otras crudas, y al no ver a nadie sacó algunas para empezar a comer: a los diez minutos el local estaba lleno de perros y el mesón y la bodega vacías. Ningún humano apareció en el lugar.

En la oficina de planificación militar del país vecino monitoreaban el efecto del bombardeo a la capital de sus rivales. Las bombas con el virus zombie, según lo que lograban ver por las cámaras de los drones, habían hecho el efecto esperado: la ciudad estaba a merced de humanos infectados incapaces de pensar, y sólo preocupados de encontrar a alguien sano para devorar su cerebro. A esa misma hora, el perro dormía una siesta en medio de una carretera vacía con el estómago lleno y sin muchas preocupaciones.

domingo, junio 21, 2026

Poesía

Cerca de la hora de salida de clases la adolescente empezó a escribir un poema. Hija de dos escritores aficionados había crecido sintiendo la necesidad de expresar sus sentimientos y sensaciones con palabras, pues desde pequeña le inculcaron que mejor que escuchar música era leer algún libro; a los seis años le regalaron su primer libro de poesía y desde ese momento se enamoró del estilo, por lo que ya su biblioteca estaba llena de poemarios de casi todo el mundo. A los diez años empezó a crear sus propios poemas, por lo que ya llevaba siete años escribiendo en rima acerca de la vida y sus vicisitudes. Su sueño era en algún instante publicar algo, pero no era un objetivo con tiempo definido sino sólo una ilusión para cuando la vida definiera que era el tiempo adecuado.

A la hora del término de clases recién estaba empezando a desarrollar el tema, por lo que hizo oídos sordos del estruendo de la salida de sus compañeros y siguió escribiendo, hasta que todos salieron del colegio y el silencio ocupó todo el espacio. Las rimas y metáforas llenaban su cabeza y se plasmaban en sus páginas, sin que la niña notara el paso del tiempo. Las letras eran lo primero, lo segundo, lo tercero y hasta lo último, al menos en ese momento.

La niña por fin terminó el texto del modo que quería. Al levantar la cabeza se dio cuenta que ya había oscurecido, por lo que se puso nerviosa pensando en sus padres. Al sacar su teléfono celular se dio cuenta que estaba sin batería, por lo que no le quedaba más que emprender el regreso a casa lo antes posible y dar las explicaciones pertinentes al enfrentar a sus padres, quienes obviamente entenderían que el proceso creativo no da tregua y es necesario terminar lo empezado en el momento. La niña se acercó a la puerta de la sala, y ahí empezaron sus problemas.

Al abrir la puerta la muchacha se encontró con una especie de pared negra: nada se veía a través de ella, ni tampoco la podía pasar; al abrir las ventanas se encontró con la misma realidad. La muchacha no entendía qué estaba sucediendo, mientras el tiempo seguía corriendo. La niña empezó a gritar, pero al parecer su voz no podía traspasar dicha muralla. La adolescente se sentó desesperada sin saber qué hacer: en ese momento su mente y su alma despertaron, sacó una hoja de papel y empezó a plasmar nuevas rimas que explicaban su sentir del momento.

Las compañeras de curso de la poetisa estaban desesperadas, pues al sonar la campana la muchacha se desmayó con los ojos abiertos sobre su escritorio, sin que nadie fuera capaz de hacerla reaccionar. Al llegar una paramédico que trabajaba en el colegio encontró que la niña tenía signos vitales normales pero estaba como desconectada de la realidad. El director llamó a los padres mientras trasladaban a la niña a un servicio de urgencias. Al llegar los padres al lugar el diagnóstico fue lapidario: síndrome de enclaustramiento. El neurólogo les explicó que la niña sufrió un accidente vascular y quedó desconectada del medio, algo así como encerrada en su propio cerebro. Mientras los padres lloraban frente a su cama, dentro de su cerebro la niña escribía las mejores rimas que alma alguna habían imaginado en la historia de la literatura mundial.