Si entras a este blog es bajo tu absoluta responsabilidad. Nadie asegura que salgas vivo... o entero. Si imaginaste que aquellas pesadillas interminables que sufrí­as de niño cuando te daba fiebre eran horrorosas, prepárate para conocer una nueva dimensión de la palabra HORROR...

sábado, junio 06, 2026

Muñeca

El hombre revisaba los tarros de basura del complejo de edificios cerca de las diez de la noche. El hombre trabajaba reciclando todo lo reciclable, por lo que se preocupaba de revisar todos los desechos existentes para recuperar lo reutilizable y ganar dinero con ello. De vez en cuando encontraba algún mueble o enseres que llevaba a su domicilio para darles una nueva vida. Esa noche entre las bolsas de basura encontró una muñeca que parecía nueva, en excelentes condiciones, limpia, metida en una bolsa muy bien cerrada. El único motivo por el que podrían haberla botado era porque tenía tez de color, pero eso probablemente no sería problema para su hija de cinco años, quien aún no estaba contaminada con las creencias estúpidas de muchos adultos. A la mañana siguiente, cuando su hija llegó al comedor a desayunar encontró a la muñeca, a la cual abrazó y no soltó ni para ir al colegio.

La niña andaba con su muñeca morena para todos lados. La muñeca se convirtió en su preferida, lo que duraría hasta que alguno de sus padres le regalara algo que la deslumbrara más, pero por el momento ella era el centro de su atención. La niña peinaba a la muñeca, le ajustaba ropa de otras muñecas, le hablaba, la juntaba con sus otras muñecas, y hacían verdaderos festines entre todas las compañeras de juego de la niña. La vida de la niña era feliz, y esa muñeca había amplificado esa felicidad.

Esa tarde llegaron unas tías a tomar once a la casa. Las mujeres no eran tías de verdad, sino amigas de su abuela materna. La niña como siempre llevó a su muñeca consigo a la mesa: en cuanto llegó, la tía más anciana palideció, tomó del brazo a su madre y se la llevó a otra habitación. Cinco minutos más tarde la madre volvió con mal semblante; la tía mayor le dijo algo al oído a la menor, ambas se pusieron de pie y se fueron de la casa. La niña no comprendía nada, pero siguió jugando con su muñeca. A la noche cuando llegó su padre, su madre lo interrogó respecto de dónde había sacado la muñeca, y le contó que la anciana le había dicho que era demoníaca, y que debían quemarla en un cementerio, por lo que pelearon y ella decidió pedirle que se fueran. El hombre apoyó la decisión de la mujer, pues hasta ese entonces nada había pasado en la casa.

A la mañana siguiente su madre le dijo que no iría al colegio, que la acompañaría a despedir a la tía que había ido a su casa el día anterior. La niña como siempre llevó su muñeca; llegaron a un lugar con mucha gente llorando frente a un gran cajón de madera. La madre intentó explicarle a la niña qué era la muerte, y que ya no vería más a esa tía. Mucha gente del velorio miró con odio a la muñeca; mientras tanto el espíritu de Oyá, diosa de las tormentas y del cementerio residente en la muñeca también los miraba, para saber a quiénes debía eliminar para mantener protegida a su pequeña dueña y a su familia directa.