Si entras a este blog es bajo tu absoluta responsabilidad. Nadie asegura que salgas vivo... o entero. Si imaginaste que aquellas pesadillas interminables que sufrí­as de niño cuando te daba fiebre eran horrorosas, prepárate para conocer una nueva dimensión de la palabra HORROR...

domingo, septiembre 06, 2026

Operador

El operador de la retroexcavadora removía tierra para hacer los cimientos de lo que sería el mall más grande del país. Con una inversión millonaria nunca antes vista en el continente, la constructora estaba empezando los trabajos para terminar en el menor plazo posible con la inauguración del centro comercial que le cambiaría la cara a la comuna y a la ciudad, y se convertiría en un gran foco de comercio local. El terreno ya había sido inspeccionado por arqueólogos para no encontrarse con sorpresas a destiempo, determinando que el lugar había sido siglos atrás una iglesia y un convento, pero que los restos del cementerio habían sido trasladados cuando el lugar dejó de ocuparse por los religiosos. La iglesia fue desacralizada en su momento, y en ese instante el operador ya estaba cerca de cuatro metros por debajo de los cimientos originales.

La máquina trabajaba sin problemas, pues el suelo era algo arenoso y por ende fácil de remover; durante el trabajo el operador se había encontrado con algunas piedras de no más de cincuenta kilos, lo que no era desafío para su máquina. El trabajo seguía monótono, cumpliendo los plazos establecidos, sin ninguna sorpresa. De pronto la pala chocó contra una superficie dura: el operador intentó removerla pero le fue imposible. De inmediato llamó por radio, y un par de minutos más tarde cuatro obreros con sendos chuzos de acero y palas aparecieron en el lugar. Luego de remover la tierra alrededor del obstáculo, quedaron paralizados.

El operador bajó de la máquina y se acercó al sitio. En el lugar había una suerte de cubo de piedra de seis metros por lado que no debería estar en ese lugar ni menos a esa profundidad. Uno de los ingenieros ordenó detener las obras en esa zona mientras llegaban los arqueólogos: sin embargo el operador de la excavadora descubrió que a quince centímetros del borde externo había un surco, como si el cubn tuviera una tapa de piedra. El hombre subió a su máquina, con ayuda de uno de los obreros ubicó el surco, y colocó uno de los dientes de la pala en el sitio para empezar a hacer palanca: a los dos minutos removió la tapa dejando abierto el cubo. Cuando llegaron el resto de los obreros y los ingenieros y miraron dentro del espacio abierto, quedaron estupefactos.

El operador bajó de la máquina y se acercó al cubo abierto. Dentro había cuatro esqueletos ataviados con sotanas negras y al centro un libro enorme con una gran “C” de metal incrustada en el cuero de la tapa. El hombre se lanzó sin pensar dentro del cubo de piedra y abrió la tapa del libro.

Once de la mañana. Un enorme destello se dejó ver en toda la ciudad, acompañado del ruido como de un trueno gigantesco. Donde estaba la excavación del nuevo mall no quedaba nada, la fosa estaba cubierta, no había máquinas ni trabajadores. La policía y los curiosos empezaron a acercarse, temerosos. Cinco metros más abajo, el cubo de piedra con los cadáveres de los cuatro monjes protectores y el grimorio de San Cipriano volvieron a la tranquilidad y la protección de la que nunca deberían salir.