Si entras a este blog es bajo tu absoluta responsabilidad. Nadie asegura que salgas vivo... o entero. Si imaginaste que aquellas pesadillas interminables que sufrí­as de niño cuando te daba fiebre eran horrorosas, prepárate para conocer una nueva dimensión de la palabra HORROR...

miércoles, setiembre 30, 2009

Ruido

-¿Qué fue ese ruido?
-¿Cuál ruido?
-¿Cómo que cual ruido? Ese estruendo que se escuchó recién.
-Ah eso, un balazo.
-Debe haber sido cerca, se escuchó demasiado fuerte.
-Sí… claro que no alcancé a oír el que tú oíste, escuché sólo el primero.
-¿Cuál primero? Sólo hubo uno.
-No, fueron dos. Tú oíste el segundo, yo el primero.
-¿Qué? No entiendo de qué estás hablando.
-Simple, tú no oíste el balazo con el que te maté, y yo no oí el balazo con el que me maté…

miércoles, setiembre 23, 2009

Matías

Matías miraba extasiado la luna. Siempre le había gustado ese brillo que reinaba por sobre todas las estrellas durante las noches. Lo maravillaba pensar en los ciclos en que la luna engordaba y adelgazaba, todas las noches distinta, pero todas las noches bella. Y esa noche era una de sus favoritas, pues reinaba la luna llena. Majestuosa en medio de la noche, como un gran círculo solar pero que no quemaba la vista. Sabía que corría mucho peligro al estar ahí, contemplando la luna, pero para él valía la pena el riesgo. La vida era suficientemente monótona como para arriesgarse de vez en cuando para salir de dicho estancamiento. De todos modos sólo él corría peligro, nadie de hecho imaginaba siquiera que él podría estar cometiendo tamaña estupidez; en general era de decisiones pensadas y que ayudaban a todos, pero la luna… era su único placer culpable. Ya nada quedaba en su vida que lo pudiera tranquilizar más que esa imagen usada por cientos de poetas en miles de poemas. Era increíble para su mente racional que una simple piedra flotando en el espacio próximo pudiera permitirle abstraerse de su vida y la del resto…

Matías miraba extasiado la luna, y su mente volaba hacia ella. Aquel rincón de su mente que otros llamaban alma, e inclusive corazón, y que para él no era más que un conjunto de percepciones vagas pero exquisitamente tranquilizadoras (tal vez por lo poco racional) se dejaba llevar por esa piedra flotando allá afuera. Sí, definitivamente valía la pena el riesgo, no sólo por el hecho de verla sino por todos los recuerdos que evocaba, por la mágica sensación de estar viviendo aquellos pasajes de su vida que ocurrieron bajo su luz, por la tranquilidad que sentía al mirar ese blanco disco en el cielo que parecía hipnotizarlo y alejarlo de todo aquello que lo angustiara o apenara.

Matías miraba extasiado la luna… pero sabía que no podía hacerlo eternamente, que ya había estado demasiado tiempo en ese lugar, y que cada minuto que pasara se haría más y más riesgoso seguir ahí. Mientras se preparaba para volver, miró por última vez a su amada luna: era una imagen maravillosa, colgada de la nada, sujetada por nadie, no más que una piedra enorme, pero maravillosa al fin y al cabo por la simpleza de su naturaleza. Sabía que debería guardar esa imagen en su memoria por mucho tiempo, pues no sabía cuándo volvería a gozar de ese espectáculo. Llegada la hora de partir, miró por última vez a su amada luna, cerró los filtros externos de la exclusa y comenzó el largo descenso a su hogar.

miércoles, setiembre 16, 2009

Honra

Espalda con espalda los duelistas se encontraban. Luego del agravio de uno de ellos al seducir a la hermana del otro y negarse a reconocer el hecho y asumir su compromiso de hombre, había que limpiar la honra de la muchacha en el campo de sangre al amanecer. Pese a la insistencia de las familias y los padrinos nada se había logrado, los dos duelistas no darían pie atrás de ninguna manera.

Al despuntar el alba el juez había cargado las pistolas y sólo faltaba que llegaran los actores del macabro acto. A los pocos minutos los carros que traían a los duelistas y sus padrinos llegaron en silencio, como presagiando la dantesca escena que estaba por ocurrir. Antes de dar inicio al duelo, la muchacha agraviada apareció en el campo de sangre, dándole un toque de mayor dramatismo a lo que había de suceder. Una vez se hubieron cerciorado los padrinos de la carga correcta de las armas, se daría inicio al duelo.

Espalda con espalda los duelistas se encontraban. A la señal del juez ambos caminaron diez pasos y voltearon. Cuando el juez dio la segunda señal amartillaron las armas. Al dejar caer el pañuelo ambos hombres apuntaron. Cuando el pañuelo tocó el suelo ambos hombres dispararon. Sendas balas viajan en fracciones de segundo. En el lugar donde habían estado espalda contra espalda las balas confluyen, chocan y se desvían. Un segundo después el juez cae fulminado al suelo: las balas se desviaron incomprensiblemente hacia su cabeza, hiriéndolo de muerte simultáneamente. Mientras todos quedaron estupefactos, la muchacha dio media vuelta y volvió a su carruaje: el destino se había encargado de limpiar su honra.

miércoles, setiembre 09, 2009

Avance

Mientras caminaba con lentitud por las mismas calles de siempre de la mano de su madre, el pequeño niño avanzaba sin tener conciencia de nada. Desconectado por completo de la realidad que lo rodeaba, el niño se desplazaba tal y como lo hacía todos los días: en la mañana hacia el colegio, en la tarde hacia su casa. Cada cosa que su cuerpo hacía era guiado por adultos: su madre, su padre, sus abuelos, sus tíos, sus profesores, sus doctores, sus terapeutas. Pero su mente seguía siendo territorio inexpugnable para todos quienes quisieran desentrañar sus secretos.

Su padre era un político conocido, odiado por muchos por no querer jugar el juego de la corrupción: sus acciones ponían día tras día en riesgo la estabilidad de las mafias de poder, lo que nada significaba para su hijo. El pequeño no sabía de amenazas de muerte, de miedo, de sobornos ni guardaespaldas, él simplemente seguía los pasos de su madre tomado de su mano.

Aquella mañana la madre salió algo más temprano con el pequeño pues quería volver antes a la casa para poder ir a hacer algunos trámites pendientes que tomaban bastante tiempo; ello impidió que el guardaespaldas la acompañara pues aún no empezaba su turno. Cuando la mujer y su hijo iban a mitad de camino un vehículo se detuvo bruscamente al lado suyo y un hombre armado bajó y sin mediar provocación descargó todo el cargador de su pistola sobre la mujer. La sorpresa en sus ojos al ver las balas levitando frente al cuerpo de su víctima dio paso al terror al ver que bruscamente giraron sobre su eje y se dirigieron directo a su corazón. La mujer estaba estupefacta y presa del pánico; de pronto un suave pero firme tirón a su mano empezó a guiar sus pasos hacia el colegio: la mente del pequeño ya se había encargado del problema, así que no había motivos para demorar más el avance suyo de cada día…

miércoles, setiembre 02, 2009

Tres

Oficina a oscuras. Sólo la luz del monitor da algo de claridad al entorno. De fondo un taladro suena sin cesar, dando fe de las ansiadas reparaciones. Pensamientos vagos nacen de su mente y se pierden en el monitor. Veinte correos de clientes insatisfechos luchan por llamar su atención en la bandeja de entrada, y otros tantos de cancelaciones de compras. La impresora está encendida, cargada de tinta y papel, con una hoja tamaño carta saliendo de su interior con el mensaje preciso.

Su jefa lo busca. Por su culpa se han perdido varios millones de pesos, que acercan raudamente a la empresa a la bancarrota. Su secretaria lo busca. La noche anterior no apareció en el motel donde se iban a juntar. Su esposa lo busca. La noche anterior no llegó a casa, y esta vez ni siquiera llamó para dar la falsa excusa de la reunión nocturna de emergencia. Tres mujeres convergen frente a la puerta. Sin mirarse entre ellas la abren.

Oficina a oscuras. La luz entra por la puerta parcialmente, bloqueada por los cuerpos de las tres mujeres. Las tres miran el monitor. Las tres miran la impresora. Las tres voltean y lo encuentran. Una mueca de espanto se apodera de sus rostros. Se veía todo distinto desde arriba, pese a lo molesto de la soga apretando su cuello…